Comí carbohidratos y bajé de peso
Además, la pérdida de peso no arrancaba. Por eso decidí darle una nueva oportunidad a los carbohidratos durante mis vacaciones, sin verlos como enemigos. El resultado fue genial: después de una semana, mis pantalones ya me quedaban más cómodos. Y eso comiendo pan de masa madre, patatas y pasta todos los días, básicamente lo que se me antojaba. Escuché a mi cuerpo y cuando pedía carbohidratos, se los di.
Comí después de las 6 y bajé de peso
Moví menos y bajé de peso
No hice mucho más ejercicio porque descansé y tomé el sol en la playa. Me sorprendió perder más peso así que cuando me exigía demasiado. Muchas veces forzaba el ejercicio cuando mi cuerpo pedía descanso, y quizá habría sido más efectivo darle tiempo para recuperarse.
No conté calorías y bajé de peso
Le di justo lo que pedía, sin comer en exceso, y cada comida satisfizo mi cuerpo y mi alma. Contar calorías es innecesario porque nuestro cuerpo es una máquina inteligente que sabe exactamente cuánta energía necesita. También nos indica cuándo ya no quiere más de un alimento. Si le das lo que realmente desea, nunca tendrás antojos.
En resumen, esta semana de vacaciones no solo no arruinó mi cuerpo ni engordé, sino que me sentí increíble. Sentí que al no privarme de nada, aceleré mi metabolismo y hice feliz a mi cuerpo.
No sé aún si este estilo de vida me llevará al peso ideal a largo plazo o si volveré a subir cuando retome el trabajo, pero definitivamente estoy reevaluando mis hábitos y dejando de castigar a mi cuerpo.











