No solo la buena comida, el sexo y el dinero nos hacen felices.
Pureza
Para mí, el lujo cotidiano más disfrutable y accesible es llegar a casa y quitarme el sujetador. Luego me ducho, lavo mi cabello y, fresca y sin maquillaje, me pongo el pijama limpio para meterme en mi cama con sábanas recién lavadas y súper suaves. Un pequeño paraíso.
Compañeros peludos
Cuando mi perro me recibe con la misma alegría desbordante, ya sea que venga de un viaje, del trabajo o de la tienda de la esquina. Y cuando mi gato, en lugar de elegir una de sus camas carísimas, decide dormir sobre mí.
El gran azul
Mi corazón late fuerte cada vez que veo el mar por primera vez en mis vacaciones. Mi pareja es español y vive conmigo, pero creció en Barcelona, así que para él el mar siempre estuvo cerca y nunca entenderá por qué para mí es tan reconfortante ver ese gran azul cada vez.
Decir no
Después de años de querer complacer a todos, dejarme de lado y poner a otros primero, finalmente aprendí a decir no. Y lo mejor: ya no siento culpa ni me atormento después. He marcado mis límites y nadie los cruza. Decir no con tranquilidad es una de las cosas más subestimadas y placenteras del mundo.
Trueno nocturno
Las tormentas, pero solo por la noche. (Y claro, cuando estoy en casa, no luchando contra el clima afuera). Siempre me tranquiliza una tormenta nocturna. Escucho la lluvia caer, el trueno, veo los relámpagos, todo desde la seguridad y calidez de mi hogar. Para mí, es una experiencia de relax total.
El momento íntimo
Hacer mis necesidades en la oficina. No solo es un alivio, sino que también me da una sensación extra de bienestar saber que lo hago en horario laboral.
Atardecer
He vivido toda mi vida en la ciudad y solo veía puestas de sol bonitas cuando estaba de vacaciones. Pero hace unos meses alquilé un piso desde donde veo cada noche cómo el sol se esconde tras las montañas. Es un pequeño apartamento modesto en un bloque, pero lo adoro. Cada día dejo lo que hago y me detengo cuando empieza la puesta de sol. Salgo al balcón y en silencio disfruto cómo los últimos rayos desaparecen en el horizonte. Tan hermoso que nunca me canso.
Sin despertador
Esta semana tengo un solo día para dormir todo lo que quiera. Sé que no me despertará el sonido del despertador. Espero toda la semana este pequeño lujo: despertar despacio, por mí misma, y quedarme en la cama calentita el tiempo que quiera.
Crack-crack
Todos saben lo placentero que es un masaje, pero pocos van al quiropráctico, aunque para mí es aún mejor. Trabajo sentada y tengo todo el cuerpo tenso, así que no hay nada mejor que un buen crujido. Mi quiropráctico me cruje manos, pies, espalda y hombros, pero mi favorito es cuando al final me jala la cabeza —como si la arrancara— y siento cómo toda mi columna, desde el cuello hasta el coxis, se libera. Puede sonar intimidante, pero créeme, es una sensación fantástica. Salgo flotando y se lo recomiendo a todos.
Aromas
Me encanta que algo tenga un aroma agradable. Un perfume ligero, un pastel delicioso… pero para mí, el olor más placentero es el de la lluvia. Después de un chaparrón, salgo al jardín, cierro los ojos y respiro profundo ese aroma fresco. Lo adoro.











