Una de las mejores decisiones que tomé fue comprar unos moldes para helados caseros. Aunque cada vez hay más opciones en el supermercado aptas para distintas intolerancias y dietas, nada supera la satisfacción de preparar tus propios helados en casa. Y lo mejor: puedes personalizarlos al 100 %, sin azúcar añadida, sin lactosa, sin proteína de leche y sin huevo si lo necesitas.
Estas seis ideas son sencillas, refrescantes y perfectas para el verano. Solo necesitas los moldes, ingredientes frescos y un poco de espacio en el congelador.
Zumos de fruta y tés helados
Si buscas la opción más rápida y sin complicaciones, los zumos de fruta naturales y los tés son tu mejor aliado. En verano hay una variedad increíble de fruta fresca, así que exprime, licua o tritura lo que más te guste.
Si quieres una textura más suave, puedes colar el zumo para eliminar fibras y semillas. También puedes rebajarlo con agua o té frío, o darle un toque especial con hierbas frescas como menta o melisa. Vierte la mezcla en los moldes, congela y listo.
Helado cremoso de coco y frutos rojos
El coco es un ingrediente ideal para los helados: es completamente vegetal, no contiene proteína de leche y combina a la perfección con casi cualquier fruta. No es casualidad que la crema de coco sea la base de muchos helados sin lactosa.
Para esta receta, solo tienes que triturar un par de puñados de frutos rojos con una taza de leche de coco espesa (tipo Aroy-D). Si lo necesitas más dulce, añade un poco de sirope de agave o dátiles triturados. Vierte la crema en los moldes y al congelador.
Trozos de fruta congelada
Los helados cremosos tienen su encanto, pero no siempre hay que triturar todo. Los trocitos de fruta dentro del helado aportan textura y una frescura distinta que a mucha gente le encanta.
Puedes usar una base de leche de coco o yogur vegetal e incorporar los trozos de fruta antes de congelar. Otra opción es añadirlos directamente a una base de zumo o té. Para un toque extra, ralla la piel de frutas ecológicas como lima o naranja, o añade flores comestibles como lavanda o tomillo florido. El resultado es tan bonito como delicioso.
Helado de plátano y cacao
Esta combinación nunca falla. El secreto está en usar plátanos bien maduros: cuanto más dulces, menos necesitas endulzar la mezcla. El resultado es naturalmente cremoso y sabroso sin añadir ni un gramo de azúcar.
Tritura los plátanos hasta obtener una crema suave y añade cacao puro en polvo al gusto, suficiente para que tenga sabor a chocolate sin que amargue. A los niños les encanta. Si quieres llevarlo al siguiente nivel, añade crema de avellanas a la mezcla o viértela por encima una vez desmoldado y cúbrelo con avellanas picadas o coco rallado.
Helado en capas con mermelada
¿Tienes prisa y poco tiempo? Abre la despensa. Con mermelada sin azúcar puedes preparar un helado sorprendente en minutos. Simplemente rellena los moldes con mermelada y congela.
Si quieres algo más elaborado, alterna capas de mermelada con yogur vegetal o puré de fruta. El truco visual es sencillo pero efectivo: capas alternas dan un helado con rayas, y si mezclas muy suavemente, obtienes un efecto marmolado precioso. Ambas versiones son igual de irresistibles.
Con galletas, pepitas de chocolate y toppings crujientes
¿Quién dijo que los helados caseros tienen que ser aburridos? Puedes añadir trocitos de galleta, pepitas de chocolate negro, semillas o frutos secos a cualquiera de las bases anteriores. El contraste entre lo cremoso y lo crujiente es adictivo.
Una vez desmoldados, también puedes bañarlos en chocolate fundido y rebozarlos en coco rallado, arándanos rojos secos o granola. Y si eres fan del café, prepara tu bebida favorita con leche vegetal, viértela en los moldes y congela. Un capricho helado que no te costará nada de culpa.











