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«A tu edad yo ya tenía dos hijos»: Cuando los familiares arruinan las fiestas

Szőke Angéla4 min de lectura
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«A tu edad yo ya tenía dos hijos»: Cuando los familiares arruinan las fiestas — Familia
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"Temo la Navidad porque la familia no para de preguntarme cuándo voy a tener hijos" – esta frase seguro te suena. Durante las fiestas, la presión y las expectativas familiares suelen ser inevitables.

Mamá

Mi madre adora la Navidad porque siempre se asegura de que la fiesta gire en torno a ella. Suelta monólogos sobre lo mucho que trabaja y lo ingratos que somos, luego amenaza con hacerse daño y se encierra llorando en el baño o en el dormitorio. Este año la vamos a sorprender: mi padre y yo hemos acordado esconder las llaves antes de la comida.

Amenaza nivel naranja

Los regalos y la cena suelen ir bien, pero en cuanto entra un poco de alcohol, la pelea está garantizada. ¿La causa? Un clásico: la política. Termina siempre en gritos y resentimientos, creando un ambiente muy “especial” y nada acogedor.

Terror

Todos los familiares mayores hacen comentarios sobre cómo crío a mis hijos. Para ellos, el pelo de mi hijo es demasiado largo, una nota de cuatro es inaceptable, mi hija se viste “demasiado masculina”, ¿por qué corren y juegan en vez de quedarse quietos toda la noche? Y lo del gluten es una tontería, según ellos.

La tradición

Mi tío siempre se emborracha como una cuba. Primero grita a los niños, luego a su esposa, y cuando mi padre, mi marido y mi primo lo sujetan y lo llevan a la habitación de invitados, ronca hasta la mañana. Al día siguiente no recuerda nada. Así es cada año.

Joven desilusionada sentada junto al árbol de Navidad

El aniversario

Mi tía descubrió justo en Nochebuena, hace 12 años, que su marido la engañaba. Cuando se lo reprochó, él hizo las maletas y se fue con su nueva pareja, que ahora es su esposa y tienen dos hijos. Mi tía no ha superado lo ocurrido y pasa toda la Navidad repitiendo la historia de su traición y su corazón roto. Quien la escucha, termina agotado.

Los pequeños insoportables

Los hijos de mi hermana son insoportables: un niño de ocho años y dos chicas de 12 y 15. No saben ni saludar ni dar las gracias. Durante la cena no paran de mirar sus móviles. Cuando les llamo la atención, la familia me regaña por molestar. Estos pequeños maleducados hablan mal a todos, incluso a los abuelos. Si se lo comento a mi hermana, me dice que no me meta porque no tengo hijos. Por ellos, cada Navidad es un infierno. Mis primos están de acuerdo conmigo, pero no se atreven a intervenir.

El basurero emocional

Hace siete años, mi madre empezó una relación con un hombre 12 años menor que ella —que solo está por su dinero, pero eso no importa— y desde entonces pasa todas las Navidades en el extranjero con él. Así que paso las fiestas con mi abuelo con demencia y mi padre, que aguanta hasta las 10 de la noche y luego llora en mi hombro preguntándome cómo podría recuperar a mi madre. Este año voy preparada: me tomaré un frontín antes de llegar.

De puntillas

Hay tantos temas tabú en la familia que ya solo podemos hablar del clima y las recetas. No podemos mencionar que estoy en proceso de divorcio, que mi sobrina dejó la universidad, que despidieron a mi hermano, que mi padre necesita una cirugía de cadera, que mi abuela debería ir a una residencia, que mi madre bebe o que mi cuñado tiene pareja. Todos lo saben, pero mantenemos las apariencias con sonrisas forzadas y comentarios sobre lo suave que está el invierno, con todos asintiendo entusiasmados.

Mujer envuelta en una boa de decoración navideña

La misionera

La esposa de mi tío es profundamente religiosa —la única en la familia— y siempre está "predicando". Todos huyen de ella porque no para de intentar convertir a los demás. Es agotador.

El acoso navideño

Antes de cada Navidad me da un nudo en el estómago. La causa: mi madre, mi padre, dos tías y mi abuela. En cuanto nos sentamos a la cena, empiezan con el disco rayado de siempre: “¿Cuándo vas a encontrar a alguien?”, “A tu edad yo ya tenía dos hijos”, “No eres ninguna jovencita” o “Se te acaba el tiempo”. Y yo tengo que aguantarlo con una sonrisa, sin decir nada, desde hace diez años (tengo 33). Ya no como mucho porque me da malestar, y el año pasado me acosaron hasta que vomité. ¡Ya estoy lista para el terror navideño de este año!

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