Hay un momento de la semana que conozco demasiado bien: miércoles por la tarde, abro la nevera buscando algo rápido y encuentro medio calabacín arrugado detrás de un táper que ya no sé de cuándo es. No es falta de interés, es falta de sistema. La nevera no tiene la misma temperatura en todas sus baldas, y colocar los alimentos sin tener eso en cuenta hace que la compra dure menos y que la basura orgánica engorde. La buena noticia es que reorganizarla entera lleva unos veinte minutos y no cuesta dinero.
No todas las baldas enfrían igual
En la mayoría de neveras domésticas, la zona más fría es la parte baja, justo encima del cajón de las verduras, y la menos fría es la puerta, que además sufre un cambio de temperatura cada vez que la abres. De ahí sale el reparto lógico. En la balda inferior: carne, pescado y todo lo crudo, siempre en recipientes cerrados o en un plato, para que nada gotee sobre lo que hay debajo. En las baldas centrales: lácteos, huevos, embutidos y quesos. En la superior, que suele ser algo más templada: sobras cocinadas, táperes, bebidas abiertas y alimentos ya listos para comer.
Los cajones inferiores están pensados para fruta y verdura y muchos tienen regulador de humedad: más cerrado para hojas y verduras que se deshidratan, más abierto para fruta que desprende gases. Y en la puerta, sólo lo que aguanta bien los vaivenes de temperatura: botes de salsa, mermeladas, mantequilla, bebidas. La leche, aunque la industria de los diseños de puerta nos haya acostumbrado a lo contrario, se conserva mejor dentro.
La caja de "cómete esto primero"
Este es el cambio que más desperdicio ha evitado en mi casa. Una caja abierta, de plástico o cartón duro, colocada a la altura de los ojos, donde va todo lo que está en la frontera: el medio pimiento, el yogur al que le quedan dos días, las sobras de la comida del lunes. Es lo primero que se mira al abrir la nevera y lo primero que se cocina. Con niños funciona especialmente bien, porque les puedes decir "merienda lo que haya en la caja" sin tener que supervisar nada.
El segundo hábito es rotar al guardar la compra: lo nuevo detrás, lo que ya estaba delante. Cuesta treinta segundos y evita esa arqueología de botes repetidos al fondo. Y un tercero, muy sencillo: etiquetar los táperes con cinta de carrocero y un rotulador, con el contenido y la fecha. Nadie recuerda qué era esa salsa naranja cuatro días después.
Lo que no debería estar dentro
Hay alimentos que en la nevera pierden sabor o textura. Los tomates se vuelven harinosos y dejan de oler a tomate; las patatas, cebollas y ajos piden un lugar oscuro, seco y ventilado, nunca el frío ni la bolsa de plástico. El pan se endurece antes en la nevera que fuera, así que mejor congelarlo en rebanadas si no lo vas a consumir en un par de días. La miel se cristaliza, el aceite se enturbia y los plátanos se ennegrecen.
En cambio, hay cosas que ganan muchísimo dentro: los frutos secos y las harinas integrales, que se enrancian con el calor, y las hierbas frescas puestas de pie en un vaso con un dedo de agua y una bolsa por encima. El perejil y el cilantro pueden durar así más de una semana.
¿A qué temperatura debe estar la nevera?
La referencia habitual es mantener el frigorífico en torno a los cuatro o cinco grados y el congelador a unos dieciocho bajo cero. Como los mandos interiores suelen ir por números y no por grados, lo más fiable es poner un termómetro de nevera en una balda central durante un día y ajustar desde ahí. Si notas escarcha en el fondo o verduras congeladas en el cajón, está demasiado baja; si los lácteos duran poco, probablemente demasiado alta.
¿Dónde van los huevos y hay que lavarlos antes de guardarlos?
Los huevos se conservan mejor en una balda central, dentro de su huevera de cartón original, que los protege de olores y golpes, y no en la puerta, donde el traqueteo constante los perjudica. No conviene lavarlos antes de guardarlos: la cáscara tiene una capa protectora natural que el agua elimina y que ayuda a frenar la entrada de bacterias. Si uno está muy sucio, límpialo en seco con un paño justo antes de usarlo.











