En los últimos años, sin darme cuenta, me dejé llevar por un estilo de vida donde el trabajo dominaba todo. Hoy, no puedo imaginar una semana sin dedicar un día a desconectar, salir a la naturaleza y sentirme mucho mejor desde entonces.
Antes trabajaba entre semana, fines de semana, y a veces hasta de noche. Si no estaba frente al ordenador, siempre había alguna tarea pendiente: comprar, cocinar, lavar, limpiar. Al final del día, solo me quedaba energía para caer rendida y dormir, y al día siguiente empezaba otro día igual.
Al principio pensé que esto era parte natural de la vida adulta. Que el descanso podría esperar hasta tener menos responsabilidades. Pero ese “algún día” casi nunca llegaba. Con el tiempo, me di cuenta de que estaba agotada físicamente y vacía emocionalmente. La motivación desapareció y las ideas nuevas, que antes surgían solas, ya no aparecían.
Un pequeño cambio que lo cambió todo
Un día, cansada frente al ordenador, algo dentro de mí dijo: esto no puede seguir así. Decidí que, siempre que fuera posible, reservaría un día a la semana sin trabajar. Sin correos, sin abrir el portátil, y sin sentir culpa por “no hacer nada”.
Recordé cuánto tiempo había dejado de pasar en la naturaleza, aunque siempre me ha gustado explorar, caminar y descubrir lugares nuevos. Así nació mi nueva regla: una excursión semanal tiene que caber en mi vida.
No siempre hace falta una gran aventura
Antes intentaba planear excursiones “perfectas”: rutas detalladas, caminatas largas, viajes en coche a lugares lejanos. Pero entendí que no importan los kilómetros ni el paisaje, sino poder desconectar y recargar realmente.
Ahora, para mí, una excursión no siempre significa subir una montaña o hacer una caminata larga. A veces es un paseo más largo con mi perrito por parques y bosques cercanos. O vamos en bici a un lago cercano, nos sentamos a la orilla y simplemente disfrutamos cómo el sol brilla en las olas. Claro que hay fines de semana que viajamos más lejos; nunca me canso de los tranquilos senderos de Őrség o los hermosos paisajes de Austria.
Ahora me siento mucho mejor
Después de las primeras excursiones, noté la diferencia. No solo estaba más descansada, sino también más libre. Los pequeños problemas que durante la semana parecían enormes, en la naturaleza siempre encontraban su lugar.
Comprendí lo importante que es salir del ruido de la ciudad y reconectar con la naturaleza. Un paseo por el bosque, el susurro de las hojas, el canto de los pájaros: todo eso es como reiniciar mi energía.
Además, descansar no me quitó tiempo de trabajo, sino que me facilitó las cosas. Cuando el lunes volví a sentarme a trabajar, estaba más fresca, llena de ideas y mucho más productiva.
No es un lujo, es una necesidad
Antes pensaba que la excursión, el día libre, el descanso eran un lujo: algo que solo podía permitirme cuando “todo estuviera listo”. Hoy sé que es justo al revés: el descanso es lo que permite que todo esté listo.
El tiempo en la naturaleza no es tiempo perdido, sino una inversión: en mi salud, mi equilibrio emocional y mi creatividad. Un día a la semana donde no mandan las obligaciones, sino el verdadero descanso.
Una de las mejores decisiones que he tomado
Mirando atrás, siento que este pequeño cambio fue uno de los mejores de mi vida. Mi trabajo es más eficiente y mi vida, más plena.
Ya no quiero solo sobrevivir las semanas, sino vivirlas: cada día, cada paso, cada excursión.











