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El éxito es cuestión de actitud: así cambié mi forma de ver mis logros

Schuster Borka3 min de lectura
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El éxito es cuestión de actitud: así cambié mi forma de ver mis logros — Estilo de vida

Hace unos años, encontré un libro que a primera vista pensé que sería justo de esos que suelo evitar: motivacional, ruidoso, un poco demasiado entusiasta. Se trata de "Eres un badass" de Jen Sincero, que al final leí y me dejó mucho más de lo que esperaba.

No porque de repente creyera en el poder absoluto de la manifestación, sino porque planteaba una pregunta sencilla pero incómoda: ¿qué demonios llamamos éxito realmente?

Hasta ese momento, el éxito para mí —como para muchos otros— existía casi exclusivamente en comparación. En números, en reconocimiento, en posiciones frente a otros. Desde niños nos enseñan esto: quién sacó la mejor nota, quién corre más rápido, quién tiene más idiomas.

El éxito solo existe en relación con los demás.

Y en ese terreno es casi imposible ganar. Siempre habrá alguien que gane más, que tenga más seguidores, que avance más rápido o que logre algo más visible que tú.

Un ejemplo del libro me impactó especialmente. Decía que puedes tocar en una banda que llena estadios y gira por el mundo, pero si siempre te comparas con Metallica, probablemente nunca te sentirás exitoso. Aunque objetivamente estés en una posición que para muchos jóvenes músicos es un sueño inalcanzable. Esa idea resonó en mí por mucho tiempo.

Mujer de negocios decidida junto a un portátil

El éxito medido con estándares externos

Me di cuenta de que yo también interpretaba mis éxitos casi siempre en relación con otros. ¿Quién está delante? ¿Quién lo hace mejor? El problema no es que a veces sea inspirador mirar los logros ajenos, sino que esa medida cambia constantemente. Si siempre miramos hacia afuera, nuestro éxito nunca será estable, y en los momentos más difíciles puede que no nos dé fuerzas para seguir si no vemos que lo que creíamos nos está impulsando hacia adelante.

El verdadero cambio llegó cuando empecé a hacerme otro tipo de preguntas. No si "soy suficientemente bueno", sino si me siento bien con lo que hago. Si disfruto mi trabajo cada día, no solo sus resultados. Si tuve que ceder en cosas que para mí son importantes. Si pude ser auténtico o solo intentaba cumplir expectativas externas.

Mujer bailando en la oficina

Esto no significa que desde entonces desaparecieron mis dudas o que los números ya no me importen —vivo de un sueldo y claro que me gustan los "logros" tradicionales—. Pero esos datos externos encontraron su lugar. Ya no definen mi autoestima. Que un proyecto no traiga un éxito inmediato y visible no es automáticamente un fracaso. Puede ser un paso que construye internamente, que aporta experiencia o que me acerca a lo que quiero a largo plazo. Y puede que simplemente no aporte nada más que disfrute —y eso no es un detalle menor en esta vida con días limitados.

Este cambio de perspectiva también me ayudó mucho en mi vida personal

Me comparo menos con el ritmo, las decisiones o los hitos de otros. No siento que me haya quedado atrás solo porque voy por otro camino. Y quizás ese sea uno de los mayores regalos que podemos darnos: no golpearnos cada día con medidas externas.

Para mí, el éxito ya no es un estado que se alcanza una vez, sino una relación interna. La sensación de vivir mi propia vida, sin intentar alcanzar la de otro. Y este tipo de éxito —por más cliché que suene— es mucho más duradero que cualquier número en una gráfica.

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