En enero, apoya la vejiga
El cola de caballo desinfecta eficazmente las vías urinarias, elimina edemas, limpia los riñones y disuelve piedras. Para molestias en la vejiga o cólicos renales, prepara compresas calientes con esta planta.
El perejil limpia las vías urinarias, combate infecciones, calienta los riñones y la vejiga, y rejuvenece el tejido renal.
Los frutos y hojas del arándano rojo reducen el pH de la orina y limpian las vías urinarias de bacterias.
En febrero, fortalecemos los riñones
El apio, la remolacha, las legumbres y las algas tienen un efecto maravilloso en los riñones. El espárrago ayuda a desintoxicar, es diurético, limpia los riñones y depura el organismo.
La vara de oro es un remedio excelente para diversos problemas renales, una hierba maravillosa que conviene tener en cuenta si surge alguna dificultad.
La canela es amiga de los riñones, úsala frecuentemente en infusiones o para dar sabor. La ortiga purifica la sangre, es diurética y ayuda a eliminar cálculos renales. El hinojo fortalece la energía renal.
En marzo, es momento de apoyar la vesícula biliar
La caléndula estimula la producción de bilis.
Las hojas de diente de león estimulan la secreción y expulsión de bilis, ayudando a eliminar cálculos. El hinojo alivia los cólicos biliares y favorece la regeneración hepática. El cardo mariano ayuda a disolver los cálculos existentes; se recomienda consumir su polvo o aceite prensado en frío. La achicoria aumenta la producción y expulsión de bilis y apoya la desintoxicación hepática.
En abril, toca cuidar el hígado
Tomar agua tibia con limón por la mañana beneficia el hígado y la vesícula, con un fuerte efecto desintoxicante y estimulante.
El cardo mariano potencia la desintoxicación hepática al actuar directamente sobre las células encargadas, estimulando todas sus funciones. Es útil en hepatitis y cirrosis.
La cúrcuma limpia la sangre, protege el hígado, aumenta la producción de bilis y ayuda en inflamaciones hepáticas. La regaliz protege especialmente el hígado, previene daños por medicamentos y estimula la desintoxicación y producción biliar. La melisa normaliza la función hepática y la producción de bilis.
En mayo, cuidemos el corazón
El ajo apoya el trabajo del corazón, reduce la presión arterial y la viscosidad sanguínea. Dilata las arterias coronarias y disminuye el riesgo de trombosis. Inhibe la agregación plaquetaria y puede disolver pequeños trombos.
Los frutos secos protegen el corazón y el sistema circulatorio, reducen el colesterol LDL y triglicéridos, y disminuyen el riesgo de enfermedades cardíacas y ataques.
Los aceites prensados en frío son protectores para el corazón, reducen la formación de coágulos y la presión arterial.
El cardamomo mejora la circulación coronaria, aumenta la energía, la flexibilidad muscular y normaliza la presión arterial. La melisa es calmante y fortalece el corazón, alivia arritmias y baja la presión arterial. El espino blanco mejora el rendimiento cardíaco, la circulación tisular, fortalece las contracciones, elimina arritmias y dilata las arterias coronarias.
En junio, el foco está en el intestino delgado
Los probióticos colonizan el intestino, mientras que los prebióticos (tubérculos de achicoria, cebollas, achicoria, setas, verduras fermentadas) nutren a las bacterias buenas del microbioma.
En julio, concentrémonos en la circulación
El muérdago regula la presión arterial y estimula el corazón. Mejora problemas circulatorios y arteriosclerosis. El ajo estimula la circulación, reduce colesterol y triglicéridos, y devuelve elasticidad a los vasos. Limpia la sangre y apoya la desintoxicación.
La capsaicina del chile limita la acumulación de grasa en los vasos y previene coágulos.
En agosto, el equilibrio del triple calentador es clave
Evita comidas difíciles de digerir y opta por frutas refrescantes para reponer vitaminas y minerales. Adaptarse a la temperatura ambiental es más fácil con duchas alternas de agua fría y caliente.
En septiembre, enfoquémonos en el bazo y el páncreas
El páncreas se fortalece con cebollas, legumbres, algas, alforfón, alcachofa y pepino. La regaliz facilita la secreción pancreática, es útil en inflamaciones y puede aliviar síntomas de diabetes. La cáscara de frijol blanco ayuda a limpiar el páncreas para que funcione mejor.
En octubre, cuidemos el estómago
La regaliz protege células y tejidos, ayuda a regenerar la mucosa y reduce la acidez. La angélica calienta y energiza el estómago, limpia su pared y calma inflamaciones. El fenogreco calienta, estimula la digestión y alivia cólicos. La caléndula ayuda a la digestión, reduce inflamación, tiene efecto antibacteriano y cicatrizante, mejorando infecciones y úlceras.
Para la acidez, el hinojo, jengibre, regaliz, malva, acacia blanca, canela y cúrcuma son recomendados. La falta o debilidad de ácido gástrico es común; en estos casos, el chile, la milenrama, la tila, el agua con limón, jugos fermentados y vinagre de manzana diluido pueden ayudar.
En noviembre, cuidemos un poco más los pulmones
La regaliz ayuda a disolver mucosidades y eliminar toxinas acumuladas, alivia tos, dolor de garganta, bronquitis y sequedad. El tomillo diluye mucosidades, relaja bronquios, calma la tos y tiene efecto antiséptico.
Las semillas de sésamo fortalecen y rejuvenecen el sistema respiratorio.
La raíz de malva suaviza las mucosas, reduce la tos y la inflamación. La decocción de raíz de angélica alivia la tos y la inflamación respiratoria. La hierba de San Roberto regenera las vías respiratorias, reduce inflamación y elimina mucosidad. El comino negro disuelve mucosidades, dilata bronquios y reduce inflamación y tos.
En diciembre, prestamos especial atención al colon
El colon se fortalece con legumbres, apio, coliflor y cebolla. La angélica elimina fermentaciones, putrefacciones y gases. El anís estrellado es excelente contra la hinchazón y los cólicos. El hinojo calma los espasmos y ayuda a absorber nutrientes.
La milenrama mejora la digestión, calma fermentaciones y aumenta el peristaltismo para eliminar gases y desechos. La cola de caballo limpia el tracto intestinal y elimina residuos acumulados.
También puedes usar otras técnicas que conozcas y que beneficien estos órganos, como reflexología, aromaterapia o yoga.
Lo importante es cuidarlos y recordar que mantenerlos funcionando bien siempre es más beneficioso que reparar daños.











