Probablemente ya lo has dicho alguna vez, entre risas pero con total convicción: tú eres el único normal de tu familia. Tu madre, que le da vueltas a todo. Tu padre, que jamás cambia de opinión. Tu hermano o hermana, cuyo comportamiento resulta casi imposible de explicar a quien no los conoce. Siempre acabas en el centro, preguntándote cómo los demás no ven lo que a ti te parece tan evidente. Pues bien, hay algo que deberías saber: ellos sienten exactamente lo mismo. Y lo sienten contigo. Esto es lo que explica la psicología.
El cerebro que siempre nos da la razón
Este fenómeno tiene una explicación psicológica muy concreta, y no hace falta ningún título ni terapia para reconocerlo en uno mismo. Las personas tendemos a justificar nuestro propio comportamiento por las circunstancias, pero el de los demás por su personalidad. Si llegas tarde, es porque había atasco, el transporte falló o surgió algo inesperado. Si llega tarde tu hermano, es porque "es así". Siempre ha sido así. No hay quien cuente con él.
Esto se conoce como sesgo de atribución, y casi todos lo cometemos sin darnos cuenta. Nuestras propias rarezas nos resultan invisibles porque las vivimos desde dentro y siempre tenemos una explicación para ellas. Las rarezas de los demás, en cambio, las vemos desde fuera, sin contexto, y destacan mucho más. Desde esa perspectiva, es completamente lógico que todo el mundo se sienta normal: cada uno conoce su propia versión de los hechos, pero de la versión ajena solo ve el resultado final.
Los roles con los que crecemos
En cada familia, cada miembro ocupa un rol que se va construyendo con el tiempo, o que simplemente le asignan los demás. El responsable, el gracioso, la dramática, el callado que no dice nada pero cuya cara lo dice todo. Con los años, estos papeles se vuelven tan naturales que quien los encarna ya ni los percibe.
La hermana a la que todos llaman "dramática" a sus espaldas probablemente siente que ella simplemente dice en voz alta lo que todos piensan, y que al menos es honesta. El callado cree que es el único que no exagera las cosas y que tiene los pies en el suelo. El responsable está convencido de que, si no fuera por él, la familia entera se vendría abajo.
Cada persona mira la realidad desde su propio punto de vista, y desde el propio punto de vista, uno siempre parece el más cuerdo.
Lo "normal" que cada uno define a su manera
Hay otro factor clave: la palabra "normal" es un concepto extraordinariamente flexible que cada persona llena con su propio contenido. Todos tomamos nuestros propios valores, costumbres y reacciones como referencia por defecto, y lo que se aparta de eso nos parece "raro". Si tú procesas los problemas en silencio, los estallidos emocionales te parecen una exageración. Si tú lo dices todo abiertamente, la contención te resulta frialdad.
Si en tu casa no se acostumbra abrazar, ese gesto puede parecer fuera de lugar en ciertos contextos. Si en tu familia todos se abrazan, quien mantiene las distancias te parece más peculiar de lo que quizás es. Nadie se siente raro porque cada uno mide con su propio rasero, y ese rasero siempre resulta ser exactamente el correcto.
Lo que todo esto realmente implica
Este descubrimiento puede resultar algo incómodo al principio, pero a la larga es liberador. Si todo el mundo se siente normal, eso significa que en realidad nadie lo es del todo, y eso está perfectamente bien. La familia es precisamente eso: un grupo de personas distintas que existen de maneras diferentes y que, aun así, pertenecen las unas a las otras.
La tía excéntrica, el padre ensimismado, el hermano impredecible: todos se sienten exactamente igual que tú. Todos piensan que los demás son un poco raros y que ellos son la única voz sensata en la mesa.
La próxima vez que os sentéis juntos a cenar y tu madre vuelva a darle vueltas a algo, tu padre vuelva a aferrarse a su verdad y tu hermano vuelva a montar un drama, detente un momento. Mira alrededor de la mesa e intenta imaginar qué ven ellos cuando te miran a ti. Probablemente algo que tú nunca serías capaz de ver en ti mismo. Un gesto, una reacción, una frase que repites siempre igual.
Algo que ellos quizás comentan entre sonrisas y que a ti te parece completamente natural, porque desde dentro nunca lo llegas a ver. Nadie parece del todo normal en su propia familia, y sin embargo todos lo son. Esa contradicción no es un defecto: eso es, precisamente, la familia.











