Nadie sabe gastar bromas tan pesadas como un hermano. Aquí tienes algunas historias inolvidables de bromas entre hermanos.
El astronauta
Le hice creer a mi hermana pequeña que había estado en el espacio y por las noches le contaba mis aventuras entre las estrellas. En el cole escribió un texto sobre ello y lo leyó frente a la clase. Se rieron de ella, pero ella lloraba asegurando que su hermano era astronauta, ni siquiera la profesora le creía. Años después, cuando me respondió con un comentario, le dije que no se la diera de lista porque su nombre – Evelin – significa salchicha en francés. Lloró toda la noche.
Las orejas
Como tengo las orejas un poco puntiagudas, le hice creer a mi hermano pequeño que soy un duende ayudante de Papá Noel y que cada diciembre trabajo para él por las noches. Le amenacé con contarle a Santa si no se portaba bien conmigo, y durante años fue muy respetuoso. Una vez le di un excremento de conejito y le dije que era un arándano maduro. (Se lo comió.)
Con la cara
Mi hermano tenía cinco años cuando un día quiso jugar al fútbol con nosotros. Le dije que solo podía ser portero y le convencí de que la mejor defensa era bloquear el balón con la cara. Jugamos toda la tarde así, y al día siguiente mi madre preguntó por qué la cara de mi hermano estaba el doble de hinchada.
Los sabores
Mi abuela siempre nos daba chicles diciendo que le diera la mitad a mi hermana. Yo masticaba la mitad hasta que perdía sabor y le daba el chicle masticado a mi hermana, mientras yo me comía la mitad fresca. Mi pobre hermana tenía casi ocho años cuando una compañera le dio un chicle y descubrió que tenía sabor.

El asistente
Mi hermano pequeño me molestaba mucho, así que le dije que podía ayudarme a aprender nudos y vino encantado al jardín. Le enseñé el nudo de pescador, el lazo corredizo y el ocho de amarre, y lo até bonito al melocotonero para luego irme a ver la tele. Gritó durante horas hasta que mis padres llegaron y lo desataron.
Observación
No quería compartir mis snacks con mis hermanos pequeños, así que les hice creer que no solo había cámaras en la despensa, sino que había escondido pequeñas cámaras en cada bolsa de patatas y dulces para saber si robaban algo. Me creyeron durante años.

Paciencia
Le dije a mi hermano que si ataba una bolsa a la cesta de la ropa sucia y soplaba el viento, volaría como un globo aerostático. El pobre niño se sentó horas en el patio esperando el viento.
La cola
Le hice creer a mi hermano que nació con cola y que los médicos se la cortaron cuando era bebé. Lloró y preguntó a mi madre, que le dijo que no me creyera, que no había nacido con cola. Cuando volvió feliz a contarme, le puse la mano en el hombro, le miré a los ojos y le dije que mamá solo decía eso para no herir sus sentimientos. El pobre niño lloró todo el día.
Gemido mortal
Mi hermano es sordo y le encanta pescar. Una vez, mientras felizmente ponía gusanos en el anzuelo, le dije que se alegrara de no oír los gritos de los pobres gusanos cuando les clava el anzuelo. Se echó a llorar y desde entonces solo usa maíz como cebo.











