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¿Merece el Día del Padre tanto revuelo como el Día de la Madre?

Schuster Borka4 min de lectura
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¿Merece el Día del Padre tanto revuelo como el Día de la Madre? — Familia

Artículo de opinión: Bárbara López

Cada año, sin falta, el Día de la Madre trae consigo el mismo debate. Basta una conversación en el parque, una publicación en redes sociales o una cadena de comentarios para que alguien lo diga en voz alta: «¿Y por qué el Día del Padre no tiene la misma importancia?» O: «¿Es que los padres no merecen lo mismo?»

Siendo honesta, entiendo esa incomodidad. Resulta llamativo que semanas antes del Día de la Madre los colegios y guarderías se vuelquen en manualidades y homenajes, las redes sociales se llenen de mensajes emotivos, y que en cambio el Día del Padre pase a menudo casi sin pena ni gloria. Y digo con toda sinceridad que los padres que quieren, cuidan, apoyan, velan y sacrifican merecen reconocimiento. Sin importar el género.

Los buenos padres dan muchísimo a sus hijos. Seguridad, atención, amor, estabilidad. Y merecen que eso se vea y se valore.

Pero hay algo de lo que se habla mucho menos en este debate: la percepción social de madres y padres sigue siendo profundamente distinta. No solo en mayo o junio, sino en el día a día.

Porque por mucho que hablemos de corresponsabilidad, en la realidad de la mayoría de las familias sigue siendo la madre quien carga con la mayor parte del trabajo invisible.

Ella es quien se queda en casa cuando el niño tiene fiebre. Quien reorganiza su jornada laboral para llegar al cole antes del cierre. Quien sabe cuándo toca vacuna, qué talla de zapato se ha quedado pequeña, qué pediatra tiene consulta los jueves y qué yogur es el único que el pequeño acepta comer. Quien lee los artículos, pide las citas, rellena los formularios, lleva en la cabeza los cumpleaños, las zapatillas de recambio y los pantalones que ya no cierran.

Claro que no es así en todas las familias. Hay padres increíblemente implicados que participan por igual en el cuidado cotidiano. Pero si miramos el panorama social en su conjunto, eso sigue siendo la excepción, no la norma.

Y creo que esa es exactamente la razón por la que el Día de la Madre tiene otro peso

Porque sobre la maternidad recaen expectativas sociales enormes desde el primer momento. Antes incluso de que nazca el bebé. Se espera que una madre sea paciente, presentable, estimuladora, presente, consciente de la alimentación, creativa, profesional y emocionalmente disponible, todo al mismo tiempo.

Y haga lo que haga, siempre habrá alguien dispuesto a criticarla.

Si trabaja demasiado, es mala madre. Si se queda en casa, es «solo» madre. Si está cansada, para qué tuvo hijos. Si necesita tiempo para ella, es egoísta. Si no sabe hacer trenzas o no lleva un bizcocho casero a la fiesta del cole, las miradas hablan solas.

Y mientras tanto, todavía hay quien derrite de admiración cuando un padre lleva a su hijo solo al parque o hace la compra con él.

Y que quede claro: no se trata de atacar a los padres. Lo que intento decir es que el listón social que se le exige a una madre de partida es simplemente mucho más alto. Y que al padre, con frecuencia, se le prodiga elogio donde en realidad estamos hablando de lo mínimo.

Quizás por eso me resulta tan chocante cuando las mismas personas que durante todo el año dan por sentado que es la madre quien gestiona la vida familiar, de repente se indignan el tercer domingo de junio porque el Día del Padre no tiene el mismo protagonismo.

Estoy completamente de acuerdo en que los padres merecen el mismo reconocimiento, siempre que compartan las mismas responsabilidades. Si están igual de presentes en el cuidado invisible, agotador y cotidiano, no solo en las partes más agradables de la paternidad.

Lo que no termino de ver es que haya tanta prisa por conseguir esa igualdad real como por comprar una tarjeta de felicitación el Día del Padre.

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