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En qué se han convertido los campamentos de verano: el rescate obligatorio de los padres que trabajan

Szabó Erzsébet5 min de lectura
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En qué se han convertido los campamentos de verano: el rescate obligatorio de los padres que trabajan — Familia
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Cuando llega junio, la mayoría de los adultos imagina descanso, helados y largas conversaciones en noches templadas. Pero si eres madre o padre, el inicio del verano activa un modo mental y logístico completamente distinto.

Con las vacaciones escolares a la vuelta de la esquina, de repente te descubres diseñando una compleja estrategia de supervivencia dividida por semanas y por días. No es que no queramos disfrutar de momentos en familia. Es esa realidad tensa de que los engranajes del mundo laboral no se detienen ni siquiera en las semanas más calurosas del año.

Mi marido y yo estamos en una situación afortunada por la que estamos agradecidos: los dos trabajamos en teletrabajo con horarios flexibles, y el presupuesto familiar nos permite pagar campamentos algo más caros. Pero sé que esto está muy lejos de ser lo habitual, y aun desde esta posición cómoda y flexible, es difícil ignorar los hechos.

Aunque solo paguemos dos campamentos al mes con el único fin de poder concentrarnos y trabajar de verdad durante el día, eso ya supone un gasto considerable y perfectamente visible.

Si con una buena red de apoyo ya cuesta, ¿qué pasa con los demás?

Cuando relleno los formularios de inscripción y hago cuentas, pienso inevitablemente en las familias que no pueden disfrutar de la libertad del trabajo a distancia. Entre mis amigas, en mi entorno más cercano, veo con claridad cuánta angustia y tensión provoca la llegada del verano.

El problema tiene una doble cara. Además de los brutales gastos económicos, están esos huecos de tiempo imposibles de cubrir. Porque aunque una familia haga el máximo sacrificio y consiga pagar varias semanas de campamento, es imposible cubrir por completo unas vacaciones tan largas. Siempre quedan esas zonas grises que hay que resolver como sea.

En esto también podemos considerarnos afortunados, porque hace tiempo que dejamos atrás la primera infancia: nuestra hija ya ha cumplido los diez. En esta etapa el papel de los amigos crece enormemente, y con otras familias hemos empezado a aprovechar esa ventaja.

Se ha vuelto de lo más natural que si un día tres niñas juegan y pasan la tarde en nuestra casa, al día siguiente se reúnan en casa de otra amiga. Y las fiestas de pijamas son el auténtico premio gordo: dejan a los niños recuerdos para toda la vida, mientras que a nosotros, los padres, nos regalan una noche tranquila y, al menos, una mañana en silencio y productiva.

Así, con la red de seguridad del teletrabajo y una comunidad de padres que se apoya, el verano en casa es de verdad movido, alegre y disfrutable. Y aun con todas estas posibilidades en la mano, no puedo decir que sea un camino fácil.

En estas circunstancias, no habla el victimismo por mí

De verdad estoy infinitamente agradecida por nuestras oportunidades, por la comunidad de amigos que nos rodea y, por supuesto, por la ayuda de los abuelos. Solo quiero decir en voz alta y con honestidad lo que sienten cientos de miles de padres cada año cuando se ponen a mirar el calendario.

El campamento de verano ya no es un servicio de lujo, ni una forma de malcriar o simplemente entretener a los niños. Es el rescate obligatorio y caro que pagamos para seguir teniendo trabajo en otoño y una salud mental maltrecha, pero todavía recuperable.

Porque seamos sinceros: que al final sobrevivamos al verano no es mérito del sistema. Que los padres jueguen entre ellos al ajedrez con los días libres, los favores y las fiestas de pijamas no es un modelo social romántico digno de imitar, sino una operación de apagafuegos por pura necesidad. Pero mientras las soluciones a nivel de sistema se hacen esperar, nos queda la buena y probada unión entre familias.

¿Por qué se han vuelto tan importantes los campamentos de verano para los padres que trabajan?

Porque el mundo laboral no se detiene durante las vacaciones escolares. Los campamentos permiten a los padres concentrarse y trabajar de verdad durante el día, más que ser un simple entretenimiento para los niños.

¿Es posible cubrir todas las vacaciones de verano solo con campamentos?

No. Aunque una familia haga un gran esfuerzo económico y pague varias semanas de campamento, siempre quedan huecos de tiempo imposibles de cubrir que hay que resolver de otra manera.

¿Cómo ayuda la comunidad de padres a sobrellevar el verano?

Organizándose entre familias: un día los niños juegan en una casa y al siguiente en otra. Las fiestas de pijamas, en especial, regalan a los padres una noche tranquila y una mañana productiva.

¿Por qué el teletrabajo no lo soluciona todo?

El teletrabajo flexible ayuda mucho, pero aun así el verano sigue siendo un reto. La flexibilidad no elimina ni el gasto de los campamentos ni la necesidad de cubrir todos los días de vacaciones.

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