Durante mucho tiempo, la temporada festiva para mí significaba esa extraña dualidad que seguro conoces: esperaba con ansias las deliciosas comidas en familia, pero al mismo tiempo me angustiaba pensar en "qué pasará en enero". La idea de subirme a la báscula rondaba siempre en mi mente, incluso cuando quería disfrutar tranquilamente de un dulce en mi plato.
Hoy esa sensación y ese pensamiento han desaparecido por completo. No porque sea más disciplinada que antes, sino porque veo las comidas —y las fiestas— desde otra perspectiva.
El comienzo de un cambio largo
Hace casi 10 años empezó en mí un cambio lento y gradual, cuando por un problema de salud me pasé a una dieta basada en plantas. En ese entonces la variedad en las tiendas era mucho menor, no había tantas opciones veganas listas para llevar, y la vida diaria no era tan sencilla.
Mirando atrás, ese período fue un gran regalo porque me obligó a aprender bien lo básico: cómo funciona mi cuerpo, qué necesita, en qué micronutrientes y macronutrientes debo enfocarme, y cómo usar la alimentación no solo para saciar el hambre, sino para regenerar y equilibrar.
Este conocimiento no solo me ayudó a alcanzar mi peso ideal, sino también a mantenerlo a largo plazo, con solo pequeñas variaciones temporales. Después, sumé la atención consciente a mi ciclo menstrual. Al combinar la dieta vegetal con esta sincronización, creé un sistema que no solo es sostenible, sino también claro y predecible para mí.
Aunque desde fuera pueda parecer muy consciente o incluso estricto, en el día a día no es así. Me alegra que haya tantas opciones veganas en las tiendas y que este estilo de vida sea tema común, pero con los años entendí que los platos "libres de todo" por sí solos no solucionan nada.
Si solo cambiamos los viejos hábitos por alternativas vegetales ya preparadas, la esencia de la alimentación no cambia. Desde el punto de vista del bienestar animal es un gran avance, pero el cuerpo suele reaccionar igual: fatiga, hinchazón, fluctuaciones de peso.
Muchos esperan milagros solo de los platos veganos, pero sin conciencia y conocimientos básicos, este estilo de vida no garantiza salud.

El verdadero significado de la flexibilidad en las fiestas
Muchos se sorprenden cuando digo que durante las fiestas no presto atención "extra" a mi alimentación y aún así no subo de peso. No cuento calorías, no compenso con ejercicio y no me siento mal si después de la cena disfruto un dulce.
Vivo todo el año con una regla 80-20: el 80% de lo que como es nutritivo, de temporada, fácil de digerir y basado en plantas; el 20% restante soy flexible. Solo en esa proporción consumo alimentos más procesados o "menos saludables" dentro de la dieta vegetal.
Por eso no siento en Navidad la necesidad interna de "compensar todo ahora". No necesito comer la quinta porción de pastel solo porque es fiesta, ya que cualquier martes puedo decidir comer un dulce y eso no afecta ni mi peso ni mi autoestima. Sin sensación de carencia, no hay atracones.
Satisfacción que no pesa
Para mantener mi peso, también me aseguro de que los sabores y platos navideños no se concentren solo en una semana: empiezo a prepararlos a más tardar en noviembre. Así no me agobia la espera ni siento que debo comer en exceso porque "he esperado todo el año".
Las versiones vegetales de los platos clásicos navideños son además más ligeras para el cuerpo: suelen tener menos grasa y calorías, pero no les falta fibra.
Uno de los mayores regalos de la dieta vegetal es precisamente esto: las fibras solo se encuentran en plantas, no en carne, lácteos ni huevos, aunque son clave para la sensación de saciedad, una digestión fluida y el equilibrio intestinal.
En la temporada festiva, cuando hay más platos refinados, pesados y grasos, la cantidad de fibra en tu plato es especialmente importante para tu peso. Pero sin importar qué haya en la mesa, en nuestro menú festivo siempre hay espacio para elementos frescos y vivos: chucrut, ensaladas, guarniciones ligeras… equilibran los platos más pesados y encajan en cualquier dieta.
Quiero dejar claro que no aumento de peso en las fiestas no solo porque sigo una dieta vegetal, sino porque, sobre todo, cambié mi forma de pensar. Cuando desaparece el "ahora o nunca" o el "mañana empiezo", cambia también la relación con la comida.











