¿Por qué, por qué, por qué?
Cuando vivimos una situación negativa, al principio no solemos ver lo que podemos aprender, sino que repetimos los “porqués”. Pocos pueden enfocarse en lo positivo en un momento realmente difícil; si tú puedes, seguro que ya estás en otro nivel, casi flotando en algún lugar de Tíbet. Con el tiempo, cuando las nubes de tormenta se disipan, aparece la luz al final del túnel, aunque para algunos llega antes y para otros más tarde. No hay que apresurar este proceso; la meta es que cada uno descubra las verdades de su vida por sí mismo. Buscar respuestas en los “porqués” es una reacción humana natural y no debería llevarnos a castigarnos. La buena noticia es que con el tiempo, la búsqueda de esos “porqués” puede disminuir.
¡Pasa a la acción!
Vivimos en un ciclo constante, casi sin darnos cuenta. Puede llegar tu día, cuando notes tu propio ciclo. No es un proceso que tenga un fin definitivo, porque cada vez que aprendes algo, llega la siguiente lección. Quizás necesitamos cambiar nuestra forma de verlo, porque estas lecciones no están para hacernos infelices. Al contrario, nos impulsan a actuar, cambiar y crecer.
Imagina lo aburrida y monótona que sería la vida sin problemas, dolores y desafíos que superar.
Entonces, la respuesta a tu pregunta “¿por qué me pasa esto otra vez?” es sencilla: porque no has superado el obstáculo, no has sacado lo mejor de ti. Puedes culpar a las circunstancias, pero tarde o temprano entenderás que todo depende de ti. ¿No lo crees? ¡Te lo demostramos!
¡Solo TÚ puedes!
La vida es causa y efecto, respuesta y reacción; todo depende de cómo respondemos a cada situación. Pongamos un ejemplo sencillo: tus compañeros te vuelven loco, sientes que todo el peso recae sobre tus hombros sin haber hecho nada malo, solo sufres las consecuencias. Sientes que revives una y otra vez ese trauma laboral y no puedes hacer nada porque no puedes cambiar a los demás. ¡Es cierto! Pero en realidad, no se trata de los demás.
Cuando buscamos respuestas en el cambio de los demás, en realidad no nos atrevemos a cambiar nosotros mismos.
¿Te suena? “Cuando mi pareja cambie, nuestra relación mejorará”, “cuando mi madre cambie, pasaré más tiempo con ella”, “cuando mis compañeros sean normales, todo irá bien en el trabajo”. Los cambios no llegan y tú solo te sentirás peor.

¡Cambia tú y todo cambiará!
Solo puedes hacer una cosa: cambiar la actitud de la única persona que puedes influenciar. ¡Esa persona eres TÚ! Las repeticiones negativas continuas duran mientras tú las permitas. Puedes detenerlas si decides enfrentarlas. En la práctica, esto significa reaccionar de manera inesperada, sacudiendo todo lo que hasta ahora era habitual.
Volviendo al ejemplo del trabajo, solo te pueden afectar tus compañeros mientras tú lo permitas.
Si te molestan constantemente, responde sin pensarlo. Defiéndete y esa sensación será invaluable. ¿Te cargan con su trabajo? Es hora de decirles que no. No te preocupes por las posibles consecuencias; pueden salir mejor de lo que imaginas y, además, el miedo constante solo te paraliza. Lo mejor es elegir siempre defenderte y proteger tus intereses. Habrá momentos en que tendrás que pedir disculpas varias veces, porque a veces reaccionamos impulsivamente, pero ¿no es mejor vivir sabiendo que al menos te has defendido?











