Me gusta pensar que, aunque el camino sea con baches y curvas, la humanidad avanza y como sociedad y comunidad vamos mejorando cada día.
Pero los hechos recientes muestran que, al menos en cuanto a la objetivación del cuerpo femenino, no hemos avanzado mucho en los últimos años.
Hace unos años, fui la única que alzó la voz en el tranvía contra un hombre que casi me puso el teléfono en la cara para hacer zoom cómodamente en las piernas de una chica y fotografiarlas sin su consentimiento. Cuando le pregunté qué estaba haciendo, se puso a la defensiva y me acusó de incomodarlo (¡en el tranvía!).
Parece que fotografiar piernas femeninas sigue sin ser un tabú, e incluso hay quienes lo fomentan. Lo que me entristece aún más es leer los comentarios en esas noticias, donde muchos buscan excusas para justificar ese comportamiento.
El argumento "si no quiere que la fotografíen, no debería vestirse así" —si es que se puede llamar argumento— es tan absurdo y tonto que no puedo imaginar que quienes lo dicen realmente lo crean.
No quiero creer que alguien no pueda entender un principio básico y fundamental: el cuerpo de una mujer es suyo. Solo suyo. Nadie más tiene poder sobre él, nunca, en ninguna circunstancia. Al menos, no debería.

Nuestra propia decisión
Cuando una mujer se pone una minifalda, shorts o cualquier otra prenda, está decidiendo sobre su propio cuerpo. Ella eligió mostrar sus piernas. No importa si fue por calor o porque quería sentirse sexy; lo único que cuenta es que tomó una decisión sobre su cuerpo.
En el momento en que alguien toma una foto sin su permiso, y esa imagen queda en el teléfono de algún acosador o en las páginas de una revista con miles de copias, esa decisión le es arrebatada. Ya no es dueña de su cuerpo.
No creo que quienes buscan excusas no vean esta diferencia tan importante entre mostrar nuestras piernas y fotografiar las de otra persona. Me temo que el problema es peor: lo ven y no les importa. No creen que el cuerpo de una mujer le pertenezca a ella, que una mujer puede existir por sí misma, no solo en relación a ellos. No creen que una mujer pueda ser un ser humano completo y valioso por derecho propio.
Eso me da un miedo profundo. Porque si hoy no soy dueña de mis piernas, ¿quién sabe qué me pueden arrebatar mañana?











