Pero la tardanza tiene causas mucho más profundas. Algunas esconden ira y agresión, otras, autoengaño, según el psicólogo experto en el tema, el Dr. Neel Burton.
Empecemos con la ira y la agresión. Las personas enojadas que parecen calmadas y educadas pueden expresar su enojo de forma pasiva, resistiéndose consciente o inconscientemente a cumplir con las expectativas razonables de otros. Ejemplos de este comportamiento pasivo-agresivo incluyen sembrar dudas o confusión; olvidar o dejar fuera hechos o cosas importantes; negar comportamientos habituales como preparar té, cocinar, limpiar o tener relaciones sexuales; evadir responsabilidades; y, claro, llegar tarde. Como su nombre indica, esta conducta es una forma oculta de expresar agresión.
Una gran desventaja de este comportamiento es que impide identificar y resolver el problema de fondo, lo que puede generar conflictos serios a largo plazo.
Ahora hablemos del segundo motivo: el autoengaño. Como vimos, llegar tarde, especialmente de forma notoria o repetida, transmite el mensaje “soy más importante que tú”. Pero las acciones no siempre reflejan nuestras intenciones. A veces, alguien llega tarde porque se siente inferior o insignificante. La tardanza puede ser una forma de captar toda la atención o incluso de tomar el control de la situación. Quizá hayas notado que algunas personas que suelen llegar tarde también hacen un espectáculo de ello: piden disculpas repetidas, saludan a todos, mueven muebles, piden un vaso limpio, y más. Por supuesto, este comportamiento no excluye la presencia de agresión pasiva.
Siguiendo con el autoengaño, la tardanza también puede ser una forma de resistencia, expresando descontento con la reunión o molestia por su posible resultado.
En psicoterapia, la persona analizada suele mostrar esta resistencia no solo llegando tarde, sino también cambiando de tema, sermoneando, quedándose dormida o faltando a las sesiones. En ese contexto, estas conductas indican que la persona está cerca de enfrentar un problema reprimido, pero teme las consecuencias.

Tu subconsciente también puede estar enviando un mensaje con la tardanza
Es importante recordar que llegar tarde no siempre es algo negativo o patológico. A veces, es tu intuición diciéndote que no quieres estar ahí, o que sería mejor no estar — por ejemplo, cuando una reunión o trabajo no es la mejor manera de usar tu tiempo o incluso va en contra de tus objetivos.
Cuando llegas tarde, puedes aprender mucho simplemente preguntándote: “¿Por qué llegué tarde exactamente?”. Incluso si es “solo” porque estás muy ocupado, ¿por qué estás tan ocupado? A menudo nos llenamos de tareas para evitar estar solos con nuestros pensamientos y emociones más profundos, lo cual es contraproducente a corto, mediano y largo plazo.
Pero hay un giro más: llegar temprano también puede ser igual o más descortés que llegar tarde. Por eso, el Dr. Burton recomienda su solución personal: “En muchas situaciones sociales, suelo llegar exactamente 8 minutos tarde. Si llegas 8 minutos tarde, no se considera tardanza y le das a tu anfitrión tiempo para sentarse, ordenar sus ideas y empezar a esperarte.”
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