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Siempre llegas tarde y no sabes por qué: estas son las razones reales detrás de la impuntualidad

Szőke Angéla5 min de lectura
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Siempre llegas tarde y no sabes por qué: estas son las razones reales detrás de la impuntualidad — Estilo de vida
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Hay personas que llegan tarde una vez. Y hay personas que llegan tarde siempre. No por mala educación, no por falta de respeto, sino porque algo en su cabeza simplemente no funciona igual que en la de los demás. Si te identificas con esto, sigue leyendo: puede que por fin encuentres una explicación.

Estas son las razones reales —contadas en primera persona por quienes las viven— por las que hay gente que nunca consigue llegar a tiempo.

El TDAH que no avisa

Mi trastorno por déficit de atención con hiperactividad hace que llegar puntual sea casi una misión imposible. Empiezo a prepararme, veo ropa sucia sobre la silla, la recojo, pongo la lavadora, me miro al espejo y tengo el pelo revuelto. Me peino, noto que tengo las cejas descuidadas, empiezo a depilarme, pero el estante donde guardo las pinzas está lleno de polvo, así que busco un trapo, lo limpio, y ya que estoy, limpio todo el baño… Y así, una cosa lleva a la otra, y a la otra, y a la otra.

Lo curioso es que tengo una compañera que también tiene TDAH, pero ella funciona al revés: llega a todos lados con media hora de antelación mínimo. Una vez tuvimos que quedar al amanecer por un viaje de trabajo y me contó que esa noche directamente no se había acostado, por miedo a quedarse dormida y llegar tarde.

Cuando simplemente no tienes ganas

A veces llego tarde porque no me apetece nada ir y necesito reunir todas mis fuerzas solo para levantarme del sofá y ponerme en marcha. No es pereza exactamente. Es que el cuerpo no acompaña cuando la mente ya ha decidido que preferiría quedarse en casa.

El problema de calcular mal el tiempo

Siempre subestimo cuánto tarda todo. Creo que llegaré en quince minutos cuando el trayecto dura media hora. Creo que me maquillo en diez minutos y acabo cuarenta sentada frente al espejo. Creo que terminaré el trabajo en una hora y dos horas después sigo delante del ordenador. Mi percepción del tiempo y la realidad del tiempo no se llevan bien.

El olvido instantáneo

Miro el reloj, veo la hora, dejo el móvil… y un minuto después ya no tengo ni idea de qué hora era. Es como si la información se borrara sola. Tengo que mirar el reloj cada pocos minutos porque si no, es como si el tiempo dejara de existir para mí.

Siempre exactamente siete minutos tarde

Fue mi compañero de entrenamiento quien me lo hizo notar: llego siempre con exactamente siete minutos de retraso, ni más ni menos. Yo nunca me había dado cuenta, yo creía que llegaba puntual. Él pensaba que su reloj se atrasaba. Al final encontramos la solución perfecta: él también empieza a llegar siete minutos tarde, y así coincidimos los dos a la vez.

Salir cuando ya deberías haber llegado

Yo llego tarde a absolutamente todo —a veces diez minutos, a veces una hora— y durante mucho tiempo no entendía por qué. Fue mi pareja quien lo descubrió: salgo de casa justo en el momento en que se supone que ya debería estar en el sitio. Si quedamos a las ocho en la puerta del centro comercial, yo a las ocho salgo de casa. No sé por qué mi cabeza funciona así, es un error del sistema. Ahora lo solucionamos de otra manera: él me llama con tiempo suficiente para avisarme de cuándo tengo que salir.

La señal que rompió una amistad

Una amiga del instituto me dijo un día que había sido la gota que colmaba el vaso y que no volvería a quedar conmigo. Como resultó, mis retrasos la habían desesperado hasta el límite. Casi cada día quedábamos en la parada del autobús, que yo veía perfectamente desde mi ventana. Como no quería esperar sola, solo empezaba a prepararme cuando la veía llegar a ella. Después de que eso pasara demasiadas veces, tuvo suficiente. Y, en el fondo, la entiendo.

La culpa del botón de posponer

Porque estoy cansada y me cuesta horrores levantarme. Necesito un tiempo para convencerme de salir de la cama, y ese tiempo no siempre está contemplado en el horario. Es mi única excusa, y ni siquiera es una buena excusa.

Ceguera temporal: cuando el tiempo simplemente se escapa

Tengo lo que algunos llaman "ceguera temporal": no percibo bien el paso del tiempo. Miro el reloj, veo que me quedan 45 minutos antes de salir, me pongo a hacer algo en casa… y cuando reacciono, ha pasado hora y media. No lo hago a propósito, pero por eso llego tarde a todo. Ya me han echado de un trabajo y he perdido amistades por esto. No es un capricho ni una falta de consideración: es algo que me cuesta un esfuerzo enorme controlar.

El estrés que lo paraliza todo

Me concentro tanto en intentar salir a tiempo que el estrés me bloquea por completo. Entonces o me pongo tan nerviosa que empiezo a hacer todo deprisa y mal, o me invade un agotamiento tan extremo que necesito tumbarme un momento antes de poder salir. Y ese momento, claro, me hace llegar tarde.

¿Te reconoces en alguna de estas situaciones? La impuntualidad crónica rara vez es una cuestión de actitud. Muchas veces esconde algo más profundo: ansiedad, dificultades de atención o simplemente una relación con el tiempo que funciona de otra manera. Reconocerlo es el primer paso para gestionarlo mejor.

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