Aguardientes
Los aguardientes de frutas elaborados con el método húngaro son considerados un tesoro nacional, y hoy en día solo ellos pueden llamarse "pálinka". El alcohol destilado de manzana y pera, así como la vodka, tienen un sabor neutro, lo que los hace ideales para combinar con hierbas medicinales. En los aguardientes vegetales, el grado alcohólico es clave.
Cuanto mayor es el contenido de alcohol, más eficazmente extrae los principios activos de las plantas. El licor al 70% puede diluirse con agua hasta un 40% para un consumo más suave.
Ron
Por su aroma y sabor característicos, no es ideal para preparar aguardientes europeos con hierbas, pero es perfecto para cócteles, grogs, tés y cafés, esas bebidas que calientan el cuerpo. Combina muy bien con vainilla, canela, jengibre, naranja y anís estrellado. Un clásico es el ron con frutas maceradas.
Ginebra
Se destila a partir de cereales y se aromatiza con bayas de enebro, de ahí su nombre Genever, que en francés significa enebro. Es ideal para bebidas que requieran un sabor base relativamente neutro, ya que el enebro no es demasiado intenso.
Vino
En la Edad Media, los monasterios contaban con viñedos. Además de la oración, el cultivo de la vid era fundamental para los monjes. Añadían hierbas medicinales a sus vinos, creando así bebidas curativas. Puedes añadir las hierbas al vino en frío o cocinarlas junto con él. Es importante filtrar bien, ya que el vino se puede enturbiar con cualquier impureza. Estas bebidas no duran mucho, así que consume la botella pronto.
Cognac
Los aguardientes nobles no son adecuados para preparar bebidas con hierbas medicinales. Sin embargo, existen otros aguardientes, como el orujo o su versión italiana más popular, la grappa, cuya variedad con bajo o nulo contenido de azúcar es la más indicada para este fin.
Este artículo está basado en el libro "Licores, pálinkas, bebidas curativas" de Gabriele Bickel (Editorial Sziget, 2003).











