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Detecté en mis análisis una enfermedad que el médico no vio

Farkas Margaréta5 min de lectura
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Detecté en mis análisis una enfermedad que el médico no vio — Salud
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Siempre tuve esa confianza ciega que uno recibe de algún lado: quizá de la educación, quizá del simple hecho de que el médico lleva bata blanca y habla con voz firme. Si él dice que todo está bien, entonces está bien. Al menos eso creí durante mucho tiempo.

El chequeo tras el cual "todo estaba bien"

Fui a una revisión de rutina. Sin ninguna razón especial, sin ningún síntoma, solo el control anual que conviene hacerse. El médico me examinó, hizo lo que tenía que hacer, y cuando volví una semana después, me dijo que todo estaba en orden.

Él sonrió, yo sonreí, recogí los papeles y me fui. Todo el proceso fue como un trámite habitual. Entras, sales y no vuelves a pensar en ello.

Me llevé los informes a casa, porque tengo la costumbre de guardarlos. Los metí en la carpeta donde tengo el resto de los resultados y casi la cerré sin más. Pero, por alguna razón, decidí echarles un vistazo. Tal vez por curiosidad, tal vez porque algo se movió dentro de mí. Los leí.

Una vez, y luego otra. Allí aparecía algo que no debería haber estado ahí. No era una alarma, no era una gran bandera roja, sino una expresión, un valor, una pequeña señal que uno no reconoce si no la investiga. Yo la investigué. Leí, comparé, verifiqué. Cuanto más leía, más claro me quedaba que aquello no era normal.

No era nada grave, no había que salir corriendo a ninguna parte, pero sí era algo que había que tratar. Algo sobre lo que el médico me había dicho que todo estaba bien. Llamé a la consulta. Volví. Le mostré lo que había encontrado. El médico lo revisó y admitió que, efectivamente, se le había escapado. No pidió disculpas ni dio muchas explicaciones. Solo dijo que me agradecía haberlo señalado.

Lo que sentí después

Me quedé sin saber cómo reaccionar. No con rabia, o al menos no en primer lugar, sino más bien desconcertada. Porque a uno le enseñan que el médico es aquel en quien hay que confiar. Que él ve lo que tú no ves. Que detrás de la bata blanca está el conocimiento, la atención, la responsabilidad.

Y de repente resulta que una persona sin formación médica notó algo que debería haber saltado a la vista del especialista. Me dije a mí misma que él también es humano. Que cualquiera puede estar cansado, que cualquiera puede pasar algo por alto, que en una consulta hay muchos pacientes y poco tiempo.

Son argumentos reales. Los entiendo. Y aun así quedó en mí algo que no logró disolverse del todo. Una incertidumbre. Si esta vez se le escapó, ¿qué será lo próximo que no vea?

Si te interesa este tema, quizá te resulte útil saber qué conviene aclarar antes de una intervención médica para sentirte más tranquilo.

La lección que aprendí

No todos los médicos son iguales. Esa es la verdad, aunque no nos guste reconocerla porque resulta incómoda. Porque significa que nosotros también tenemos que estar atentos, que no basta con delegar toda la responsabilidad y esperar lo mejor.

Si alguien no hace bien su trabajo, hay que cambiar. Sin concesiones. No se trata de rebajar las expectativas para adaptarse a una atención peor, sino de marcharse. Pero también tuve que aprender otra cosa: al nuevo médico no puedo llevarle la desconfianza que construí a partir de una mala experiencia.

Si miro cada examen con recelo, si cuestiono cada afirmación, no me estoy protegiendo, sino amargándome a mí misma. Al nuevo médico hay que darle una oportunidad. Hay que empezar de cero.

Estar atenta, sí, pero no con sospecha. Preguntar está permitido, es más, es necesario, pero no desde la hostilidad. La responsabilidad por nuestra propia salud no va en contra del médico, sino a su lado, complementando lo que él hace.

Lo confieso: desde entonces leo mis análisis. Cada vez. No porque no confíe en el médico, sino porque aprendí que la responsabilidad sobre mi propio cuerpo siempre será mía, y saberlo me hace sentir más tranquila.

¿Por qué es importante leer los propios informes médicos?

Porque, como muestra esta experiencia, incluso los profesionales pueden pasar algo por alto. Revisar tus resultados te permite detectar detalles y compartir dudas con tu médico.

¿Significa esto que no debemos confiar en los médicos?

No. La idea no es desconfiar, sino asumir un papel activo. La responsabilidad por tu salud acompaña y complementa el trabajo del médico, no lo sustituye ni lo enfrenta.

¿Qué hacer si detectas algo extraño en tus análisis?

Investígalo con calma, contrasta la información y, sobre todo, vuelve a la consulta para mostrárselo a tu médico. No siempre será algo grave, pero conviene aclararlo.

¿Es buena idea cambiar de médico tras una mala experiencia?

Si sientes que alguien no hace bien su trabajo, cambiar es legítimo. Eso sí, empieza con el nuevo profesional sin arrastrar el recelo de lo anterior: dale una oportunidad limpia.

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