Según un estudio de 2016, el 75 % de las madres admitió sentirse más cercana a uno de sus hijos, mientras que entre los padres esta cifra fue del 70 %.
Como dice el dicho, hay dos tipos de padres: los que tienen un favorito y los que no lo admiten.
Claro que creemos que la mayoría de los padres aman por igual a todos sus hijos y no hacen distinciones, pero hay razones por las que se sienten más cercanos a uno. Muchas veces esto tiene que ver con el orden de nacimiento: suele ser el primogénito o el más pequeño el consentido. De ahí viene también el llamado “síndrome del hijo del medio”.
El género del niño también influye, pues frases como “la niña de papá” o “el niño de mamá” no son casualidad. A menudo, mamá se siente más unida a la hija y papá al hijo, porque se entienden mejor. La edad también cuenta: es más fácil querer a un adorable niño de seis años que a un adolescente rebelde.
Otros factores incluyen la personalidad del padre o madre, sus experiencias compartidas y temperamentos, ya que el niño refleja parte de la personalidad de sus padres, para bien o para mal.
No es sorprendente que un padre prefiera pasar más tiempo con el hijo con quien se siente más exitoso en su rol.
También puede pasar que un hijo sea preferido o evitado porque recuerda a un familiar fallecido, como un padre querido o una tía desagradable.
Así como las familias crecen, cambian y pierden miembros, la dinámica con los hijos también evoluciona. El niño consentido puede convertirse en un adolescente difícil, o un niño travieso puede transformarse en un joven responsable.
Los niños notan y saben cuál padre quiere más a qué hermano, y si esto es muy evidente o el niño es sensible, puede afectar negativamente a la familia.
Esto puede manifestarse en rivalidades serias entre hermanos, conflictos familiares frecuentes y, en casos extremos, baja autoestima, consumo de alcohol, drogas, ansiedad o depresión.
El hijo relegado puede cargar resentimiento hacia sus padres hasta la adultez, así que si sientes que esto está ocurriendo en tu familia, busca ayuda psicológica antes de que la situación empeore.

El favoritismo está presente en todas las familias
Si te sientes culpable por tener un hijo favorito en el fondo de tu corazón, no lo estés: es una reacción natural y puede cambiar con el tiempo. También consuela saber que hay padres que claramente prefieren a un hijo, aunque ellos mismos nieguen esta realidad.
El favoritismo existe en todas las familias y es normal; lo importante es esforzarse por dedicar igual tiempo, apoyo y sacrificios a cada hijo.
Somos humanos, así que si notas que le das un poco más de tiempo, regalos o cariño a tu hijo favorito, no te desesperes: eso no te hace mala madre. Más bien, siéntete orgullosa de darte cuenta y compensa con un extra para tus otros hijos para equilibrar la balanza.











