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"No quiero a mi hija como debería": la confesión de una madre sobre el tabú del que nadie habla

Váradi Petra5 min de lectura
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"No quiero a mi hija como debería": la confesión de una madre sobre el tabú del que nadie habla — Familia
En este artículo

Estaba sentada a la mesa de la cocina, con el café ya frío desde hacía rato, cuando lo dije en voz alta por primera vez en mi vida: no quiero a mi hija como se supone que debería quererla.

Mi marido estaba colocando cosas en el fregadero. Se detuvo un segundo y siguió, como si no lo hubiera oído. Pero lo oyó. Solo que ninguno de los dos sabía qué hacer con lo que acababa de decir.

Mi niña tenía entonces dos años y llevaba tres noches sin dormir bien. Yo tampoco. Tenía unas ojeras tan marcadas que mi suegra me dijo que fuera al médico, que seguro estaba enferma. No estaba enferma. Solo agotada. Y en algún rincón profundo de mi mente, en un lugar que me daba vergüenza reconocer, se escondía un pensamiento: ojalá no estuviera aquí. Ojalá pudiera volver a aquella vida en la que solo respondía por mí misma.

El instinto maternal que nunca llegó

Cuando nació, pensé que en el instante mismo en que la mirara me invadiría eso de lo que hablan las películas y las historias de mis amigas. Esperé la emoción que lo colocaría todo en su sitio. No llegó.

En su lugar llegó el dolor de la lactancia, la marea de hormonas, un cuerpo que ya no era mío y un ser diminuto que quería algo de mí constantemente, mientras yo ni siquiera sabía qué quería para mí misma.

Mi amiga Kata me contó una vez que ella vivió algo parecido, solo que su hijo ya tenía cuatro años cuando se dio cuenta de que llevaba días tocándolo casi sin cariño, solo por función: vestirlo, darle de comer, acostarlo.

"Me sentía como una máquina que se había roto por dentro", me dijo, y se llevó la mano al pecho, como si buscara ahí la avería.

En ese momento entendí que no estaba sola en esto. Pero eso no hacía que fuera más fácil decírselo a alguien que no fuera madre.

Quería quererla como esperaban de mí, pero el amor no llega por orden, y eso nadie me lo contó antes.

Si alguna vez te has preguntado por qué tantas mujeres se sienten perdidas después de dar a luz, quizá te interese leer sobre esa culpa silenciosa que aparece cuando la maternidad no se parece a lo que imaginabas.

Mentí diciendo que estaba bien

Mi matrona me preguntó una vez si estaba bien, y le respondí que claro, que todo iba bien, que solo estaba cansada. Pero llevaba semanas dándole vueltas a lo mismo: qué pasaría si simplemente me marchara unos días, sola, a un lugar donde nadie me llamara "mamá".

No porque quisiera hacer daño a mi hija, sino porque sentía que me había perdido a mí misma, y que la pieza que me faltaba se había quedado atrapada en algún lugar de su mundo.

El cambio no ocurrió de golpe, sino poco a poco, a medida que pasaba el tiempo y mi niña empezaba a convertirse en una personita independiente. Una que se reía de mis propios chistes. Una que, un día en que me caí en la acera, corrió hacia mí y me preguntó si me dolía. Entonces sentí por primera vez algo distinto al deber.

Pero aquel estado anterior, aquel vacío que habitó en mí durante meses, no desapareció sin dejar rastro. Simplemente aprendí a convivir con él. Y a veces todavía vuelve, después de una mala noche, cuando se me acaba la paciencia y me sorprendo contando hasta diez con los dientes apretados antes de gritar.

Tengo una amiga que me dijo que no hablara de esto con nadie, porque me señalarían, porque pensarían que soy una mala madre. Puede que tenga razón. Pero aun así lo escribí, porque cuando pronuncié aquella frase en la cocina, con ella llegó también cierto alivio, como si por fin no tuviera que seguir cargando sola con el peso que suponía el silencio.

Hoy todavía hay días en los que miro a mi hija mientras duerme y no siento ese amor arrollador de película del que todos hablan. Solo siento que está aquí, que es mía y que, de alguna manera, a pesar de todas las contradicciones, mañana seguiré a su lado.

¿Es normal no sentir amor inmediato por tu bebé?

Para muchas mujeres, ese amor "instantáneo" del que hablan las películas no aparece de golpe. Como cuenta esta madre, el vínculo puede construirse poco a poco, con el tiempo y los pequeños gestos cotidianos.

¿Por qué es tan difícil hablar de estos sentimientos?

Porque existe el miedo a ser juzgada y señalada como "mala madre". La protagonista de esta historia lo experimentó en primera persona, e incluso una amiga le aconsejó que guardara silencio.

¿Sentir ambivalencia significa que no quieres a tu hijo?

No necesariamente. En este relato, la ausencia de esa emoción "esperada" convivía con la decisión de quedarse, cuidar y seguir presente día tras día, a pesar de las contradicciones.

¿Ayuda poner en palabras lo que sientes?

Según cuenta la autora, decir la frase en voz alta le trajo alivio, como si dejara de cargar sola con el peso del silencio. Nombrar lo que sentimos puede ser un primer paso hacia sentirse menos sola.

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