Los hombres raramente admiten que algo no va bien por dentro. Lo esconden, lo disfrazan, lo niegan. Y muchas veces, quienes primero notan las señales no son ellos mismos, sino sus parejas. Estas son algunas de esas historias.
Autodestrucción
Mi novio se "trata" a sí mismo de una depresión que nunca ha reconocido. Su estrategia para sobrellevarla es la autodestrucción tan característica de muchos hombres: recurre a las drogas cuando siente que no puede más. Cuando lo veo hundido, se mete algo para "mejorar el humor" y asunto resuelto, al menos en su cabeza. No ve que con cada vez que lo hace, cae un poco más hondo.
Conductas de riesgo
No entendía qué le estaba pasando. Mi pareja, siempre tan tranquila y equilibrada, de repente se volvió irreconocible. Quería competir con todos en todo. Sus amigos dejaron de querer jugar videojuegos con él porque convertía cada partida en una batalla. En las excursiones, anunciaba quién llegaría primero a la cima y salía corriendo. Me daba miedo subirme al coche con él. Se metía en situaciones peligrosas con tal de ganar: una vez compitió a nado con mi hermano en un lugar donde casi se ahoga.
Solo después entendí que esa conducta impulsiva y arriesgada también era una manifestación de su depresión. Hoy toma medicación y está bien.
Dolor físico sin explicación
Descubrí que mi pareja estaba deprimida porque le dolía todo el cuerpo. Se quejaba constantemente de dolor físico, pero no sabía decir exactamente dónde ni qué le dolía. Ningún analgésico le hacía efecto. Los médicos no encontraban nada. Era su cuerpo hablando por lo que su mente no podía expresar.
Fiestas, alcohol y cualquier excusa para beber
Lo primero que noté fue que empezó a salir cada vez más con sus amigos, él que antes era bastante introvertido y al que casi había que arrastrar a cualquier evento social. Pero cuando los amigos no podían quedar —porque con más de treinta años nadie sale de bares varias veces por semana—, empezaba a invitar a casa a compañeros de trabajo, prácticamente a cualquiera con quien poder tomar algo.
Sé que usa el alcohol para amortiguar la depresión, aunque él jamás lo admitiría. Todavía no ha llegado al punto de beber solo, pero crea cualquier situación para hacerlo. El otro día consiguió emborrachar al técnico del gas que vino a hacer una revisión. Me preocupa mucho, pero se niega a reconocer que hay un problema.
Irritabilidad constante
Lo que me llamó la atención fue que todo le molestaba. Era capaz de estar horas quejándose por la cosa más insignificante. Su sentido del humor desapareció por completo. Dejó de hacer los chistes de siempre, perdió el interés por sus hobbies, y ni siquiera le emocionó que por fin saliera la nueva temporada de su serie favorita, la que llevaba años esperando.
La irritabilidad es una de las señales más frecuentes de la depresión masculina, y también una de las más difíciles de interpretar, porque se confunde fácilmente con mal carácter.
Agotamiento permanente
Siempre decía que estaba agotado, incluso después de pasar el fin de semana entero sin hacer nada. Pasaba horas en la cama, pero nunca descansaba de verdad porque no conseguía dormir bien. No tenía energía ni para ducharse, ni para sacar al perro, ni para hacerse un sándwich. Eso le generaba una culpa enorme: decía que era un fracaso, que me estaba fallando porque no podía ayudar en nada.
Él creía que tenía algún problema físico. En realidad, era todo consecuencia de la depresión.
"Se enfurece cuando quiero tener sexo con él"
Mi marido odia que yo tome la iniciativa en el sexo. Solo hay intimidad cuando él quiere: si soy yo quien lo desea, se molesta, como si fuera un insulto. Llevamos meses sin acostarnos juntos, y cuando expreso que lo necesito, lo toma casi como un ataque personal.
Estoy convencida de que está deprimido. He notado otras señales en su comportamiento. Pero él nunca lo reconocería: no cree en las enfermedades mentales. Para él, todo eso es "una debilidad de las generaciones más jóvenes."
Si reconoces alguna de estas señales en tu pareja, recuerda que la depresión masculina tiene muchas caras. Hablar con calma, sin juicio y con empatía puede ser el primer paso para que él también lo reconozca.











