La delgadez por encima de todo, porque una mujer solo es bella si es delgada, ¿verdad?
Tendencias
Desde muy jóvenes, mis amigas y yo probamos todo tipo de dietas. Las revistas para adolescentes estaban llenas de ellas, así que nunca faltaban ideas. Recuerdo que una vez intentamos una loca dieta del huevo: una semana entera comiendo solo huevo cocido. Al final, yo terminé vomitando, una amiga no paraba de tener gases y otra subió de peso. Hoy me río, pero si lo pienso bien, es triste que a los 12 años ya estuviéramos obsesionadas con esto.
Culpa y castigo
Si me salto la cena, me siento bien conmigo misma; si como un postre por la noche, me invade la culpa. Si voy al gimnasio después del trabajo, me felicito; si estoy cansada y descanso en casa, me siento culpable. Si corro el fin de semana, me quiero; si voy al cine en lugar de hacer ejercicio, siento que he fallado. Vivo con mucha rigidez y sacrificios para sentirme bien, y eso no está bien.
Un privilegio
Podemos discutir y protestar, pero los hechos son claros: la delgadez es una ventaja en todos los aspectos de la vida. Primero, atraes más a los hombres, por lo que tienes más opciones al elegir pareja. Si encuentras una pareja “de mejor calidad”, tus hijos heredarán mejores genes. Pero no solo eso: las personas son más amables contigo que con mujeres con sobrepeso, y en el trabajo tienes más chances de ascenso que las “gorditas”. Mientras esto siga así —y seguirá— la “cultura de la dieta” mantendrá a las mujeres como rehenes.
Presión social
Criticamos a quien come snacks, pero animamos a quien hace dieta y celebramos cuando alguien pierde peso. Esa es la verdadera cultura tóxica de la dieta.
Palabras amables
Cuando bajo un poco de peso, la señora de la tienda, mis colegas, familiares, mi pareja e incluso mis hijos me felicitan. “¡Qué guapa estás, mamá!” Gracias, cariño, aunque no adelgacé por dieta, sino porque estuve enferma. Pero no importa, un cumplido siempre se agradece.
Lo bueno y lo malo
Tristemente, clasifico mentalmente todos los alimentos: la ensalada es buena, el chocolate es malo; el agua mineral es buena, la cola es mala; la pechuga de pollo es buena, los ñoquis son malos. Es horrible vivir así, pero no puedo dejarlo.
Figura
Nunca he tenido sobrepeso, más bien soy delgada, pero toda mi vida he hecho dietas. Siempre me ponía una meta y no descansaba hasta lograrla. Hace poco me vi en el reflejo de un escaparate y pensé que podría adelgazar un poco más para estar aún más delgada. Desde entonces me pregunto si alguna vez estaré satisfecha conmigo misma, pero la respuesta probablemente sea que no, nunca.
Juntas
La cultura de la dieta no perdona a nadie; todas las mujeres están bajo presión, incluso las modelos extremadamente delgadas, y especialmente ellas.
Encantadas por los números
Descargué una app para contar calorías que fue a la vez bendición y maldición. Es cierto que perdí peso, pero mi vida se volvió solo contar calorías. Tenía que respetar el límite diario y cada dulce espontáneo que me ofrecía un compañero, el café durante horas extra o el pequeño azúcar que tomaba, requerían cálculos serios. Tanto que al final mis amigos me dijeron que no era saludable. Contar calorías sigue siendo una “adicción” de la que no puedo salir.
Escaparate
Sé que las influencers fitness manipulan sus fotos, pero las sigo en Instagram. Me gusta verlas, ya sea como motivación o por placer estético. Aunque sé que no debería, porque me hace sentir peor cuando me miro al espejo.











