Hay momentos en que solo queremos un poco de calma y mimo. En los meses de otoño e invierno, nada mejor que un plato humeante de sopa nutritiva que abriga cuerpo y alma. ¿Qué tal una divina sopa italiana penicilina, que es fortalecedora del sistema inmunológico, sabrosa y rápida de preparar a la vez?
Con el clima más frío, me topo seguido con recetas de sopas tentadoras y me encanta experimentar en la cocina. Aunque llevo años cocinando, nunca había oído hablar de la sopa italiana penicilina hasta que descubrí la receta de Miranda Galati, nutricionista, que es irresistible en muchos sentidos.
Esta sopa es ideal si estás cansado, un poco enfermo o simplemente necesitas un abrazo culinario. La combinación de ingredientes frescos, limón y parmesano en la receta de Miranda no solo ofrece un sabor delicioso, sino también un plato fácil de digerir y nutritivo para el día a día. Se prepara en una sola olla, y los aromas cálidos llenan la cocina y el corazón mientras se cocina.
Un plato atractivo en muchos sentidos
- Textura sedosa y cremosa: Las verduras se trituran completamente, sin trozos, para que incluso los más exigentes la adoren.
- Apta para niños: Sabores suaves y sencillos que encantan a todos.
- Comodidad en una sola olla: Poca limpieza y mucha felicidad.
- Rápida y sencilla: Con verduras frescas y pastina (en Italia es sinónimo de comida reconfortante, especialmente cuando alguien está enfermo, por eso la llaman “penicilina italiana”) se prepara en minutos.
- Calentadora y reconfortante: Un verdadero abrazo para el cuerpo y el alma.
Es importante aclarar que, aunque se llame sopa penicilina, no es un medicamento, sino un plato reconfortante fácil de digerir, nutritivo, que da energía y calma en días difíciles.
Ingredientes principales y opciones de variación
- Zanahoria: Usa zanahorias enteras para una base dulce y rica.
- Cebolla: Amarilla o blanca, cualquiera funciona perfecto.
- Ajo: El diente fresco es el más sabroso, pero el envasado también sirve.
- Corteza de parmesano: Opcional, pero aporta un sabor profundo y salado a la sopa.
- Pastina: Si no tienes, cualquier pasta pequeña sirve (puede ser sin gluten).
- Limón: Lo mejor es exprimido fresco, aunque el jugo embotellado también vale.
- Parmesano fresco: Es casi obligatorio al servir para esa cremosidad celestial (puedes usar parmesano vegetal).
Cómo prepararla
- Calienta aceite de oliva en una olla grande y añade las verduras picadas, sal y pimienta. Sofríe 4-5 minutos hasta que se doren un poco para un sabor más profundo y dulce.
- Agrega la corteza de parmesano y el caldo. Cubre, lleva a ebullición y luego baja el fuego a medio-bajo. Cocina 25-30 minutos hasta que las verduras estén tiernas.
- Retira la corteza de parmesano y tritura las verduras con una batidora de mano o en una licuadora hasta obtener una textura suave. Vuelve a poner en la olla y disfruta cómo los aromas llenan la cocina.
- Agrega la pastina y cocina 8-10 minutos hasta que esté al dente, revolviendo para que la pasta absorba bien el sabor de la sopa.
- Exprime el jugo de un limón entero, prueba y ajusta con sal, pimienta o un poco más de jugo de limón si quieres.
- Sirve la sopa en platos, espolvorea parmesano fresco, pimienta recién molida y, si quieres, un poco de perejil o albahaca picada. El aroma humeante ya es un abrazo para el alma.
Consejos y variaciones
- Versión más rápida: Omite el sofrito y añade las verduras directamente al caldo caliente.
- Más proteína: Añade pollo, garbanzos, alubias blancas o lentejas para un plato más nutritivo.
- Para más sabor: Prueba con chile, más ajo, jengibre o puré de tomate para darle un toque especial.
- Bomba de verduras: Incorpora espinacas u otras hojas verdes picadas para un extra de vitaminas.
- Sopa más ligera: Si prefieres una textura más líquida, añade un poco más de caldo.
Esta sopa no es solo comida, es un refugio para los días fríos: cremosa, humeante y llena de sabores que acarician cuerpo y alma. ¿Te animas a probarla?











