"Es que soy un poco masoquista." La decimos a la ligera, casi como una broma, cuando nos damos cuenta de que volvemos una y otra vez a algo que nos hace daño: una relación que nos consume, un trabajo que nos agota, una situación que nos humilla.
Pero, ¿sabes realmente lo que significa esa palabra? Detrás de esa frase tan común se esconde un concepto mucho más preciso y con más capas de lo que imaginamos. Vale la pena entender de dónde viene y qué revela sobre nosotros, tanto en el lenguaje cotidiano como en la psicología.
De dónde viene la palabra
El término masoquismo proviene del nombre del escritor austriaco Leopold von Sacher-Masoch, quien en el siglo XIX escribió novelas donde aparecía, una y otra vez, el mismo motivo: el placer encontrado en el sufrimiento, la sumisión y la humillación.
Con el tiempo, fue la psiquiatría la que adoptó el concepto y lo incorporó al lenguaje clínico para describir un fenómeno psicológico bien delimitado: cuando alguien obtiene placer, alivio o incluso seguridad emocional a partir del dolor, la vulnerabilidad o la renuncia a sí mismo.
Dos significados que conviene separar
Tanto en el lenguaje común como en la psicología conviven dos capas de significado que están relacionadas, pero que no son lo mismo.
La primera es el masoquismo sexual: cuando alguien, dentro de un acuerdo mutuo, de forma consciente y en condiciones seguras, encuentra placer en el dolor, en el rol de sumisión o en la entrega del control. Esto no es una enfermedad, sino una forma aceptada de preferencia sexual, siempre que se base en el consentimiento y el bienestar de ambas personas.
El segundo significado, más amplio, es el masoquismo cotidiano y no sexual: cuando alguien busca, sin darse cuenta, situaciones que le provocan sufrimiento. Puede ser una relación de pareja en la que se subordina constantemente, un trabajo donde permite que abusen de él, o incluso ese diálogo interno que nunca le deja disfrutar plenamente de sus propios logros.
Por qué se forma este patrón
Según la psicología, rara vez se trata de que alguien simplemente "ame lo malo". Es mucho más probable que el sufrimiento se le haya vuelto familiar e incluso seguro. Si un niño aprende que la atención y el cariño solo llegan cuando renuncia a sí mismo, se adapta y soporta lo desagradable, de adulto buscará instintivamente esos mismos patrones, porque son su viejo y conocido lenguaje emocional.
Muchas veces no amamos el dolor, sino la certeza que el dolor nos da: al menos sabemos qué esperar.
En algunas personas esto funciona de forma inconsciente: no se dan cuenta de que siempre eligen el mismo tipo de relación que acaba haciéndoles daño. En otras se trata más bien de una especie de autocastigo, cuando la culpa o las dificultades con la autoestima les hacen sentir que no merecen nada mejor que la dificultad.
Cuándo es variedad sana y cuándo conviene prestar atención
El masoquismo que aparece en un contexto sexual, asumido de forma consciente y basado en el placer mutuo, no supone ningún problema: es una forma natural más de la diversidad de la sexualidad. La cosa cambia cuando el patrón se extiende a varias áreas de la vida, y alguien acaba una y otra vez en situaciones que le perjudican, sin entender por qué o sufriendo sin poder salir de ellas.
En esos casos vale la pena hablarlo con un profesional, con un psicólogo, porque detrás suelen esconderse patrones antiguos y profundamente arraigados que resultan difíciles de identificar en soledad.
Un error común que conviene aclarar
Mucha gente cree que la persona masoquista busca conscientemente lo malo para sí misma, como si se tratara de una decisión autodestructiva. La realidad es más matizada: en la mayoría de los casos el objetivo no es el sufrimiento, sino la conexión, la sensación de seguridad o el alivio que esa persona experimenta a través de él.
Entender esto puede ayudarnos a no juzgar tan rápido a los demás, ni a nosotros mismos. En lugar de eso, podemos mirarlo con curiosidad: ¿de dónde viene este patrón y qué es lo que en realidad necesitaríamos en su lugar?
¿Ser masoquista es lo mismo que ser autodestructivo?
No exactamente. Según el artículo, en la mayoría de los casos el objetivo no es el sufrimiento en sí, sino la conexión, la seguridad o el alivio que la persona experimenta a través de él.
¿El masoquismo sexual es un problema o una enfermedad?
No. Cuando se vive de forma consciente, segura y con consentimiento mutuo, es una forma aceptada de preferencia sexual y una expresión más de la diversidad de la sexualidad.
¿Por qué repetimos relaciones que nos hacen daño?
Porque el sufrimiento puede haberse vuelto familiar e incluso seguro. Si aprendimos de niños que el cariño llegaba solo al renunciar a nosotros mismos, de adultos buscamos instintivamente esos mismos patrones.
¿Cuándo debería preocuparme por este patrón?
Cuando se extiende a varias áreas de tu vida y te encuentras repetidamente en situaciones que te perjudican sin entender por qué o sin poder salir de ellas. En esos casos conviene hablarlo con un psicólogo.











