El niño interior
Parece raro al principio, pero realmente funciona si te tratas como si fueras ese niño que llevas dentro. Cuando te critiques, pregúntate: ¿le diría esto a un niño? ¿Le diría que es tonto, gordo o que su vida no tiene sentido? Claro que no. Sé más amable, paciente y compasivo contigo mismo. No es fácil, a mí también me costó al principio, pero poco a poco mi mente se acostumbró y me ayudó muchísimo.

Movimiento
Sé que muchos piensan que es imposible moverse o hacer deporte cuando no tienen fuerzas ni para levantarse, pero créeme, se puede. Correr me ha ayudado mucho, aunque empecé caminando. Al principio me mareaba solo con dar la vuelta a la manzana, pero luego pude llegar al parque, a seis calles de distancia. Cada vez que salía, caminaba un poco más lejos. Después empecé a trotar un poco, al principio solo unos metros, y luego más. El ejercicio libera endorfinas, las hormonas de la felicidad, que tu cuerpo produce para sanar. Ahora corro entre 5 y 10 kilómetros y disfruto mucho, pero créeme, solo salir al parque y sentarte en un banco ya ayuda mucho.
Aceptación
Con mucho esfuerzo acepté que tengo esta enfermedad y aunque nunca desaparecerá por completo, puedo manejarla y vivir con ella. Esta realización me dio fuerza y ya no me sentía tan perdido. Acepté que hay días malos, pero ahora tengo herramientas y métodos que me impiden hundirme por completo.
Pastillas
Siempre tuve miedo a las pastillas, creía que todos los medicamentos te sedaban y te convertían en un zombi, pero estaba equivocado. Mi antidepresivo no me cambió, solo me permitió ser yo mismo otra vez. No quiero depender de la medicación para siempre, pero es importante saber que no es mala y realmente ayuda.
La pesadilla
Mi esposa y mi hijo ya dormían cuando salí al garaje en la noche, encendí el coche y metí la manguera del escape porque pensé en suicidarme. En mi momento más oscuro creí que estarían mejor sin mí. Pero entonces mi hija abrió la puerta del coche, se subió a mi regazo y me dijo que había tenido un mal sueño y que la consolara. Ahí entendí que no podía dejar que creciera sin mí.

Ganja
Dejé la marihuana y empecé a tomar vitamina D. Muchos dicen que la marihuana cura la depresión, pero yo creo que más bien la causa. Es un mecanismo de defensa que oculta los problemas por un tiempo, pero luego vuelven con más fuerza.
Gratitud
Leí en algún lugar que hay que escribir cada día por qué estamos agradecidos o algo bueno que haya pasado. Por muy mal que estés, siempre puedes anotar una o dos cosas positivas. Es importante escribir a mano, no en el teclado, porque es más personal y efectivo. Después de una semana terrible, releí mis notas y me di cuenta de que me pasaron muchas cosas buenas. Es fácil enfocarse solo en lo malo y pasar por alto lo bueno; un diario de gratitud ayuda mucho.
Autenticidad
A los 32 años finalmente me enfrenté a mí mismo y acepté que soy gay. Se lo conté a mi familia, que me apoyó mucho, y desde entonces siento que vivo mi propia vida, no la de otros.
Terapia
No creía en la terapia, pero alguien me recomendó un profesional que me ayudó a entender mucho sobre mi familia. Descubrí por qué mi padre se comportaba como lo hacía y acepté que mi madre no podía hacer más por mí. Desde que les perdoné, comenzó mi sanación y sentí que me quitaba un gran peso.

El verde
Dejé mi trabajo tóxico en una multinacional y me mudé al campo. El silencio, la ausencia de estrés y la cercanía con la naturaleza me sanaron. Aquí no hay multitudes, prisas, plazos ajustados, conductores agresivos, compañeros insoportables ni jefes desagradables. Mi alquiler es una fracción de lo que pagaba por un pequeño y oscuro apartamento en las afueras. Trabajo desde casa unas horas al día, lo que cubre mis gastos. Tengo un huerto y un gato al que cuido. No sé qué buscaba en la rueda de hámster de la ciudad.
Foto principal: OLGA KAZANTSOVA/istockphoto.com











