A menudo no nos damos cuenta de cómo algunas frases escuchadas en la infancia dejan una huella profunda en nosotros. Estas expresiones, que parecen inofensivas, suelen venir de padres, maestros o compañeros que, con la mejor intención, intentan educar, enseñar o simplemente mostrar cariño. Sin embargo, ciertas palabras no siempre generan el efecto esperado. Veamos cuáles son esas frases que aún influyen en nuestra autoestima como adultos y cómo podemos reemplazarlas para fomentar un resultado más positivo y constructivo.
“¿Por qué nunca puedes ser el mejor?”
De niños, compararnos con otros es algo habitual. En la escuela o en reuniones familiares, es inevitable que alguien destaque más que nosotros en algo. Aunque estas frases buscan motivar, en realidad pueden generar una autocrítica destructiva y baja autoestima.
Una mejor opción es enfocarnos en el esfuerzo y progreso del niño. Por ejemplo, podríamos decir: “He notado cuánto te has esforzado en esta tarea, ¡estoy orgulloso de ti!” Esto fortalece al niño y lo anima a seguir creciendo y probando.
“Todos lo hacen así, no creas que eres más listo”
A menudo se espera que los niños se ajusten a una norma general establecida por generaciones anteriores. Esta presión social puede hacer que el niño dude de su singularidad y juicio, sugiriendo que sus decisiones personales valen menos que las expectativas del grupo.
Un enfoque empático y personalizado puede hacer maravillas; por eso, es mejor preguntar: “¿Cómo crees que puedes alcanzar tus metas siguiendo tu propio camino?” Así, los niños practican la autorreflexión y reciben una guía valiosa basada en sus propios valores e intereses.
“¿Por qué no eres tan hábil como tu hermano/compañero?”
Este tipo de comparaciones, aunque bien intencionadas, pueden ser dañinas. Crear competencia dentro de la familia puede generar conflictos y sentimientos de inseguridad, dejando a un niño en desventaja frente al otro.
Reconocer que cada niño tiene habilidades y fortalezas únicas fortalece su confianza. En lugar de comparar, podemos destacar sus cualidades individuales con frases como: “Me encanta ver que cada uno es especial en cosas diferentes.” Este enfoque anima a los niños a construir una imagen positiva y constructiva de sí mismos.











