A las generaciones anteriores casi no las elogiaban. A las de ahora, sus padres las elogian por todo. Pero, ¿dónde está el punto de equilibrio? La respuesta importa más de lo que parece, porque el elogio excesivo es uno de los mayores enemigos de la autoconfianza infantil.
Un arma de doble filo
Está demostrado: si elogias constantemente a tu hijo por ser listo, dejará de esforzarse en ese área. Y no solo eso — puede llegar incluso a retroceder. Como no quiere arriesgarse a fallar y arruinar su imagen de "niño inteligente", evita los retos. No innova. No crece.
Esto afecta especialmente a las niñas. Muchas abandonan las matemáticas o las ciencias exactamente por esta razón: si algo no les sale bien a la primera, prefieren dejarlo antes que manchar su reputación de "niña lista". El elogio mal dirigido no las protege — las limita.
Lo que de verdad merece reconocimiento
El objetivo de un padre o una madre debería ser reconocer el esfuerzo, no el talento. Y ese esfuerzo tiene un significado diferente para cada niño: para uno, el éxito es marcar un gol; para otro, simplemente tener el valor de unirse al equipo.
Si tu hijo realmente se ha esforzado, reconócelo. Pero no lo abrumes con elogios en cada pequeño paso, especialmente cuando no ha dado lo mejor de sí. La crianza moderna tiende a sobrerecompensar cualquier mínimo intento — y eso hace un flaco favor a largo plazo. La vida real no funciona así, y él tendrá que enfrentarse a ella.
¿Qué deberías elogiar exactamente?
Enséñale que practicar y perseverar tiene recompensa. Que invertir tiempo y energía en algo acaba dando frutos. En lugar de decirle "eres muy bueno en matemáticas", dile que cada problema que resuelve entrena su capacidad de pensar. Mejor aún, explícale que el cerebro funciona como un músculo: cuanto más lo ejercitas, más fuerte se vuelve.
Así, si la próxima vez no logra resolver un ejercicio, no sentirá que te ha decepcionado. Sentirá que tiene algo en lo que seguir trabajando.
El esfuerzo por encima del resultado
No elogies el esfuerzo a medias. Solo reconoce cuando tu hijo realmente haya luchado por algo. Y en ese caso, el resultado no es lo más importante. Si se preparó con dedicación para una competición y quedó el último, valora igualmente su trabajo. Si ganó algo sin apenas esforzarse — simplemente porque tiene talento —, no hace falta montar una celebración.
Premia el trabajo invertido, no el trofeo conseguido.
La orientación constructiva también es un regalo
No tengas miedo de señalar cuándo algo podría haberse hecho mejor. Si tu hijo escribe bien y dibuja con cuidado, pero hizo la tarjeta de cumpleaños de su primo con prisas y sin ganas, díselo con cariño: sabes que puedes hacerlo mejor. Con eso le enseñas a confiar en tu criterio y a entender que el trabajo bien hecho tiene valor real.
Habla desde tus emociones, no desde los superlativos
Cambia el "¡eres increíble, eres perfecto, eres fantástico!" por algo más auténtico: "Estoy orgulloso/a de ti porque hoy te has esforzado de verdad." Esa frase conecta emocionalmente y, además, le dice exactamente qué es lo que valoras de él o ella.
Fomenta la autocrítica sana
El elogio excesivo puede hacer que los niños teman probar cosas nuevas por miedo al fracaso. Por eso es fundamental cultivar desde pequeños la capacidad de reflexionar sobre uno mismo. Hazle preguntas como: "¿Qué fue lo más difícil de la tarea de hoy?" o "¿Estás contento/a con cómo te ha salido?"
Buscar esas respuestas alivia la ansiedad y ayuda a desarrollar una motivación que viene de dentro, no de la aprobación externa. Y esa motivación interna es la que de verdad lo acompañará toda la vida.











