¡Habla con tu cuerpo!
Además, estas dietas rara vez están personalizadas, y tu cuerpo es un sistema inteligente que siempre te indica qué tipo de combustible necesita según su estado actual.
Esto es especialmente cierto en épocas de virus, cuando lo peor que puedes hacer es ignorar las señales de tu cuerpo y aferrarte a una dieta rígida. Es hora de que todos aprendamos a comunicarnos con nuestro cuerpo y descubramos sus verdaderas necesidades.
Una dieta cetogénica puede ayudar a perder peso, pero para algunas personas la restricción de carbohidratos puede ser contraproducente. Lo mismo pasa con la dieta paleo: aunque se dice que nuestros antepasados comían principalmente carne y pescado, en realidad no consumían carne todos los días. Y aunque no hay nada malo en consumir proteínas animales, tu cuerpo puede indicarte cuando necesita un descanso sin carne.
Te sentirás sin energía
Antes, identifica qué tipo de alimento realmente anhela tu cuerpo; durante la comida, nota qué tan satisfactorio es; y unos minutos después, evalúa tu estado general. Si te sientes cansado o apagado, probablemente no elegiste la mejor fuente de energía para ti.
Problemas digestivos
Si no es así, prepárate para horas difíciles después de comer. Las proteínas animales son difíciles de digerir, por eso es recomendable dejar de consumirlas de vez en cuando. Y si ya tienes problemas digestivos, no lo dejes pasar más tiempo.
Inflamación en el cuerpo
Mientras que en tiempos de nuestras abuelas consumir animales de granja no representaba un riesgo, hoy en día no podemos decir lo mismo de los productos que compramos en tiendas. No es casualidad que cuando estamos enfermos prefiramos verduras, frutas y cereales ricos en carbohidratos. Nuestro cuerpo sabe que las proteínas animales exigen demasiado al sistema digestivo, lo que dificulta la recuperación.











