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4 sopas frías de frutas para el verano: así las preparo yo

Hegedűs Henriett6 min de lectura
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4 sopas frías de frutas para el verano: así las preparo yo — Estilo de vida
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Cuando el calor aprieta, lo último que apetece es ponerse a cocinar algo elaborado. Por eso las sopas frías de frutas son uno de mis recursos favoritos del verano: se preparan en muy poco tiempo, se pueden hacer con casi cualquier fruta de temporada y quedan igual de bien como entrante que como postre ligero. Cremosas, fresquitas y llenas de sabor, son exactamente lo que el cuerpo pide en los días más calurosos.

Aquí te cuento cómo preparo mis cuatro favoritas, con todos los trucos que he ido aprendiendo por el camino.

1. Sopa fría de guindas

Para esta receta necesitas 500 g de guindas deshuesadas, que pondrás a cocer con un litro de agua, 50 g de azúcar (o edulcorante al gusto) y una cucharadita de canela. Cuando esté listo, disuelve una cucharada de fécula de maíz en un poco de agua fría hasta que no queden grumos, y añádela a la sopa. Yo lo hago así para darle un poco más de cuerpo y evitar que quede demasiado líquida, aunque eso ya es cuestión de gustos.

Retira la olla del fuego, deja que se temple un poco y añade dos o tres cucharadas de yogur natural o un chorrito de nata líquida. Remueve bien y deja que siga enfriándose. Cuando esté bien fría, ya puedes servirla. Si te gusta el clavo de olor, añade unos cuantos enteros durante la cocción: le da un toque especial que eleva mucho el resultado.

2. Crema fría de melocotón

¿Recuerdas esos polos caseros de la infancia, los que se hacían con leche o nata y melocotón triturado, congelados en vasitos con un palito? Esta sopa es exactamente ese sabor en versión líquida y refrescante.

Toma 6 o 7 melocotones o albaricoques maduros, pélalos, quítales el hueso, córtalos en trozos y ponlos a cocer cubiertos de agua. Endulza al gusto con miel, azúcar o edulcorante. Cuando estén tiernos, tritúralos junto con el agua de cocción y añade unos 200 ml de nata para montar. Si solo tienes nata para cocinar, también funciona, aunque el resultado será algo menos cremoso. Yo suelo aromatizar con canela, un poco de zumo de limón recién exprimido o zumo de naranja. Para servir, decora con almendras tostadas y unas hojas de menta, y lleva al frigorífico hasta que esté bien fría.

3. Crema fría de melón

El melón es una de las frutas más refrescantes del verano, y en forma de sopa fría es absolutamente irresistible. Elige un melón de tamaño mediano —yo prefiero que esté bien maduro para que tenga más sabor— y córtalo en dados.

Como el melón ya tiene mucho líquido, no necesitas cocerlo ni añadir agua extra. Simplemente tritura los trozos en un bol grande junto con 100 ml de zumo de naranja, una cucharada de zumo de limón y dos cucharadas de sirope de agave. Para conseguir una textura cremosa, incorpora tres cucharadas de yogur natural o, si lo prefieres, 100 ml de nata. Si la ves demasiado espesa, aligera con un poco de agua.

El truco para que el sabor del melón brille de verdad: añade una pizca de sal rosa del Himalaya, unas hojas de menta fresca trituradas o un toque de jengibre rallado. He probado también con aromas artificiales de melón, pero el resultado siempre queda demasiado dulzón y artificial — con la fruta fresca no hay comparación. Una vez triturado todo, mételo en la nevera y sírvelo decorado con albahaca fresca o menta.

4. Crema fría de fresas

El verano no estaría completo sin una buena crema fría de fresas. Es una de las que más repito en casa: al menos cada dos semanas aparece en mi mesa durante los meses de calor.

Lava y corta por la mitad 500 g de fresas. Puedes cocerlas brevemente en agua (la justa para cubrirlas) o triturarlas directamente en frío, como hacemos con el melón. En cualquier caso, añade 200 ml de yogur líquido natural y dos cucharadas de miel. Yo siempre echo también una cucharadita de extracto de vainilla: realza el dulzor natural de las fresas de una forma increíble.

Si las has cocido, no necesitas añadir más líquido. Si las has triturado en frío, incorpora al menos 200 ml de agua fría. Para potenciar aún más el sabor, puedes añadir un chorrito de zumo de naranja o de zumo de fresa 100% natural, aunque también está deliciosa sin ellos.

Deja la mezcla en el frigorífico durante al menos dos horas antes de servir. Para presentarla, añade unas rodajitas de fresa fresca, hojas de menta y, como hago yo siempre, un poco de nata montada. Es el toque final que lo convierte en algo especial.

Consejos para que tus sopas frías de frutas queden perfectas

En realidad, casi cualquier fruta de verano sirve para hacer una sopa fría, pero hay algunos detalles que marcan la diferencia. Si decides cocer las frutas, no las pases de cocción: con que den un hervor es más que suficiente. El objetivo es que conserven su frescura y su sabor natural.

No tengas miedo de mezclar frutas: las cerezas, las fresas, la grosella o el melocotón combinan de maravilla y crean sabores mucho más interesantes que si usas una sola fruta.

Para conseguir esa textura sedosa que las hace tan apetecibles, añade siempre un poco de yogur, nata o crema agria, pero sin pasarte. Si pones demasiado, el resultado será pesado y graso en lugar de ligero y refrescante. Lo mismo ocurre con el azúcar y las especias como el clavo, la canela o la ralladura de limón: úsalos con moderación para que no eclipsen el sabor de la fruta.

Si quieres una textura más densa, puedes usar un poco de fécula de maíz o incluso polvos de pudín, pero recuerda que buscas una crema suave, no un puré compacto. Y por último, lo más importante: deja reposar la sopa en la nevera entre 2 y 3 horas antes de servirla. Si puedes dejarla toda la noche, mejor todavía — los sabores se integran y la temperatura es perfecta.

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