La causa principal son diversas enfermedades fúngicas que se propagan rápido y suelen causar daños irreversibles. Además, los veranos más largos y calurosos, junto con el clima extremo, afectan a estos siempreverdes que antes parecían indestructibles.
Si sientes que es hora de despedirte de tus tuyas pero quieres mantener un seto verde o un jardín atractivo en invierno, aquí te mostramos con qué puedes reemplazarlas.
Ciprés de Arizona – el embajador del ambiente mediterráneo
Este árbol ornamental de crecimiento rápido y forma cónica soporta sin problemas los veranos secos y calurosos, por lo que es ideal para jardines sensibles al cambio climático. El ciprés de Arizona puede alcanzar entre 20 y 25 metros, y su follaje azul grisáceo aporta carácter todo el año, pero recuerda: ¡crece mucho!
Aunque joven es sensible a las heladas, si lo plantas en un lugar protegido se desarrolla muy bien y, al ser poco atacado por plagas, requiere poco mantenimiento.
Enebro de Virginia – una alternativa natural y amiga de las aves
Este siempreverde originario de Norteamérica viene en muchas variedades, desde esbeltas y columnarias hasta arbustos extendidos. Sus bayas azuladas no solo son bonitas, sino que también atraen a las aves que las disfrutan.
Resiste especialmente bien suelos pobres y secos, así que vale la pena intentarlo si otras plantas han fracasado en tu jardín. Solo la roya puede causarle problemas, pero afortunadamente es poco frecuente.
Laurel cereza balcánico – para un seto denso e impenetrable
El laurel cereza destaca por su follaje denso y brillante, sus flores blancas en primavera y sus frutos coloridos. Con alturas entre 2,5 y 5 metros, ofrece una cobertura eficaz, ideal para setos.
No es exigente con el suelo y tolera bien las heladas, aunque conviene proteger con mantillo las plantas jóvenes en invierno. Ten en cuenta que sus frutos son tóxicos para humanos y es una especie invasora, por lo que requiere manejo cuidadoso.
Cornejo de invierno – flores que alegran los meses grises
Si quieres un arbusto ornamental que destaque en invierno, el cornejo de invierno es una opción genial. Sus flores blancas en forma de estrella pueden aparecer desde finales de diciembre y a menudo permanecen en botón hasta la primavera.
Sus flores ligeramente perfumadas y sus bayas azul metálico lo hacen muy apreciado. Tolera bien lugares protegidos y semisombra. Como sus frutos son algo tóxicos y no siempre se desarrollan, lo más valioso es su floración.
Arbusto aromático – un toque visual y fragante
Este siempreverde originario del Este de Asia no solo es bonito, sino también fragante: sus pequeñas flores blancas de otoño perfuman dulcemente el jardín. Sus hojas, similares a las del acebo, son especialmente decorativas en ejemplares jóvenes, y se suavizan con la edad.
Las variedades con hojas amarillentas o con bordes crema son decorativas todo el año. Aunque algo sensible a las heladas, se recomienda plantarlo en lugares protegidos. Su tamaño lo hace ideal para jardines pequeños.
Ciprés de Leyland – para resultados rápidos
Este híbrido de ciprés crece rapidísimo, ideal si buscas cobertura rápida. Puede crecer hasta 90 centímetros al año, formando en pocos años un muro verde denso e impenetrable.
Pero este crecimiento requiere mantenimiento: necesita podas regulares para mantener la forma. La buena noticia es que no es muy exigente con el suelo y tolera varios tipos, aunque puede sufrir muerte de brotes, por lo que conviene vigilar su salud.
Sea cual sea la opción que elijas, siempre considera las condiciones de tu jardín, la luz, el tipo de suelo y el tiempo que puedes dedicar al cuidado. Parece que la era de las tuyas ha terminado en nuestro país, pero los jardines verdes siguen vivos: solo hay que apostar por nuevas soluciones.











