El bronceador da un poco de miedo a casi todas. ¿Y si queda demasiado oscuro? ¿Y si se ve a manchas? ¿Y si me deja la cara naranja? Son justo esas dudas las que hacen que muchas ni siquiera se atrevan a probarlo.
Y es una pena, porque el bronceador es uno de los productos que más aportan a tu neceser si sabes usarlo. Bien aplicado, da calidez, profundidad y ese aire de “acabo de volver de la playa” sin que nadie note que llevas maquillaje. El secreto casi nunca está en el producto, sino en dónde y cómo lo colocas.
¿Dónde va el bronceador?
La clave es sencilla: aplícalo en las zonas donde el sol broncearía tu piel de forma natural. Según la maquilladora Jamie Genevieve, eso significa la parte alta de la frente, los pómulos, el puente de la nariz y un toque en el mentón.
“Siempre empiezo por los pómulos, con pequeños movimientos circulares hacia dentro. Así adaptas el bronceador a la forma de tu rostro y consigues una calidez preciosa y natural.”
Si tienes la frente ancha, concéntrate más en los lados de las sienes y por debajo de la mandíbula.
“Con una frente ancha, aplícalo en forma de media luna en la parte superior y difumínalo hacia el nacimiento del pelo.” — Chelsea Roach, maquilladora
En la línea de la mandíbula también hay un truco: lleva el bronceador por detrás de la oreja y sigue el contorno inferior de la mandíbula. Aporta muchísimo más de lo que imaginas.
Pero antes de empezar, aclaremos algo importante. El bronceador y el contorno no son lo mismo, aunque últimamente cada vez más gente prescinde del contorno y trabaja solo con bronceador. Son dos productos con objetivos y ubicaciones completamente distintas.
El bronceador aporta calidez y efecto dorado, y va en los puntos altos del rostro, allí donde llegaría el sol. El contorno, en cambio, simula una sombra: se coloca debajo del pómulo, a los lados de la nariz y en la línea de la mandíbula, y suele tener un tono más frío y grisáceo. Si los intercambias, el rostro se apaga y se ve recargado, así que conviene tener claro cuál es cuál.
¿Dónde no debe ir?
Saber dónde no aplicarlo es igual de importante que saber dónde sí.
“Evito el centro de la cara y la zona por debajo del pómulo. Si el bronceador acaba ahí, tira de las facciones hacia abajo y da un aspecto pesado. Si quieres elevar el rostro, mantenlo bien arriba, sobre los pómulos.” — Keeley Wilson, maquilladora de Londres
Cómo elegir el tono adecuado
Para elegir el tono, parte siempre del subtono de tu piel. Si tu subtono es rosado, busca un bronceador de tono rosado. Si es dorado, elige uno cálido y dorado.
Como regla general, conviene escoger un bronceador unos dos tonos más oscuro que tu color de piel natural.
Si eliges un tono demasiado oscuro, el rostro se ve pesado; el tono correcto, en cambio, solo aporta calidez y profundidad.
La aplicación y el pincel del que depende todo
El acabado no depende solo del producto, sino de la herramienta con la que lo aplicas. Cada textura pide la suya:
- Para el bronceador en polvo, lo mejor es un pincel grande pero de cerdas sueltas. Recoge la cantidad justa de producto y ofrece el resultado más natural.
- El bronceador en crema se difumina mejor con una esponja tipo beauty blender ligeramente húmeda: se funde con la piel sin dejar marcas. Además, las fórmulas en crema suelen estar más pigmentadas que las de polvo, así que con menos producto logras más efecto.
- Con el bronceador líquido, aplícalo dando pequeños toquecitos y nunca arrastres el producto, o quedará a rayas. Un pincel sintético de corte oblicuo es el aliado perfecto para una aplicación precisa.
El paso final
Después del bronceador, un poco de iluminador y colorete en el punto más alto del pómulo lo completan todo. El bronceador da calidez; el colorete y la luz aportan esa vitalidad que hace que la cara se vea sana y fresca.
El bronceador no está para oscurecer el rostro, sino para darle vida. Si sigues estos pasos, el resultado es un acabado natural y cálido, exactamente como si acabaras de volver de unas largas vacaciones.
¿El bronceador y el contorno se pueden usar juntos?
Sí, pero cumplen funciones distintas. El bronceador aporta calidez en los puntos altos del rostro, mientras que el contorno simula sombra en las zonas hundidas. Usar cada uno en su lugar es lo que da un resultado equilibrado.
¿Cuántos tonos más oscuro debe ser el bronceador?
Como regla general, unos dos tonos más oscuro que tu color de piel natural. Si eliges algo demasiado oscuro, el rostro se ve pesado en lugar de luminoso.
¿Qué pincel es mejor para aplicar el bronceador?
Depende de la textura: para el polvo, un pincel grande y de cerdas sueltas; para la crema, una esponja húmeda; y para el líquido, un pincel sintético de corte oblicuo aplicando pequeños toques.
¿Dónde no debo aplicar el bronceador?
Evita el centro de la cara y la zona justo debajo del pómulo, ya que tira de las facciones hacia abajo y da un aspecto pesado. Mantenlo arriba, sobre los pómulos, para elevar el rostro.











