Lo que conviene tener resuelto antes de decir que sí
Primero, el colchón. Un cambio de trabajo tiene costes invisibles: transporte distinto, comidas fuera, ropa, quizá una mudanza o una guardería nueva. Antes de firmar, calcula cuánto se te va realmente al mes con el nuevo escenario y compáralo con el actual, no solo el bruto anual.
Segundo, la documentación. Guarda copia de tu contrato, tus nóminas, tu vida laboral y cualquier certificado que te hayan dado. Suena burocrático hasta el día en que lo necesitas con prisa y descubres que estaba en un correo del trabajo al que ya no tienes acceso. Ten tu propio archivo, en tu propio correo personal.
Tercero, la oferta por escrito. No basta con "quedamos en que serían dos días de teletrabajo". Que figure el puesto, el salario, la jornada, el régimen de presencialidad y a quién reportas. Si algo se resiste a ponerse por escrito, suele ser porque no está tan acordado como parecía.
Cuarto, la salida elegante. Avisa con el plazo que corresponda, deja documentado lo que llevabas y despídete bien de las personas, no solo del puesto. El sector siempre es más pequeño de lo que crees, y la gente recuerda cómo te fuiste mucho más que lo que hiciste el segundo año.






