Hay prendas que anuncian el cambio de estación antes que el calendario, y este año la señal está clarísima: la chaqueta de cuadros. Aparece en los escaparates de las cadenas grandes, en las cuentas de estilismo que miramos mientras hacemos cola en la heladería y en los primeros escaparates de «pre-fall» montados con bermudas y sandalias. La buena noticia es que no hay que guardarla hasta noviembre. La chaqueta de cuadros funciona muy bien en agosto si se elige el tejido correcto y se lleva como lo que es en esta época del año: un accesorio, no un abrigo.
Por qué el cuadro sienta mejor que un liso
Un cuadro bien hecho añade estructura visual a un conjunto sencillo. Con una camiseta blanca y un vaquero, una chaqueta lisa aporta corrección; una de cuadros aporta intención, como si el look estuviera pensado y no improvisado. Además, el dibujo distrae la vista de arrugas y caídas imperfectas, algo que agradecerás en las prendas de lino y en las mezclas ligeras de verano.
Dentro de la familia hay muchos registros, y no dan la misma sensación. El príncipe de Gales en tonos grises y beige es el más sobrio y el que mejor se lleva a la oficina. El cuadro tipo pata de gallo grande resulta más gráfico y moderno. El cuadro escocés en rojos y verdes es el más otoñal y el que peor conviene forzar en agosto. Y el vichy pequeño, en blanco y azul o blanco y negro, es el más veraniego de todos: ese es tu aliado ahora mismo.
El tejido lo decide todo en agosto
Aquí está el truco entero. Una chaqueta de cuadros de lana con forro completo es preciosa y es inviable con treinta grados. Busca versiones en mezcla de lino, en algodón fino, en crepé ligero o sin forro (mira el interior: si ves las costuras, respira). El corte también importa: hombro suave, un botón, largo que llegue a la cadera o justo por debajo, y suficiente holgura para llevarla abierta y remangada sin que parezca que te queda grande por error.
Remangar hasta media antebrazo es, de hecho, el gesto que convierte una chaqueta de temporada media en una prenda de verano. Otro atajo: llevarla sobre los hombros para entrar en un restaurante con aire acondicionado y quitártela en la terraza. Suena obvio, pero es exactamente la función que cumple en este mes.
Tres combinaciones que funcionan ya esta semana
La primera, la más fácil: bermuda de tejido fluido en color neutro, camiseta blanca de algodón grueso y chaqueta de cuadros abierta. Sandalia plana de piel o zapatilla blanca limpia. Es un conjunto de mercado de sábado y de comida de trabajo informal a la vez.
La segunda: vestido lencero o vestido midi de tirantes en un color sólido, con la chaqueta encima. El contraste entre la caída del vestido y la estructura de la chaqueta es lo que hace bonito el conjunto; si el vestido es estampado, mejor cambia a chaqueta lisa. Con sandalia de tacón sensato vale para una boda de tarde de las informales.
La tercera, para la vuelta a la oficina: vaquero recto en azul medio, camisa blanca por dentro con las mangas remangadas y chaqueta de cuadros en gris. Un bolso estructurado y un cinturón fino y ya está resuelta la primera semana de septiembre sin comprar nada más.
¿Qué chaqueta de cuadros me favorece si soy bajita?
Funcionan mejor los cuadros de dibujo pequeño o mediano y los tonos monocromos, porque no cortan visualmente el cuerpo en bloques. Busca un largo que termine a la altura de la cadera o algo por encima, hombro no exagerado y, si puedes, llévala con pantalón del mismo tono que el fondo de la chaqueta para alargar la silueta; remangar las mangas también ayuda porque afina el brazo y sube el punto de atención.
¿Se pueden mezclar cuadros con otros estampados?
Sí, aunque conviene una regla: que uno de los dos estampados sea claramente más pequeño y que compartan al menos un color. Cuadro grande arriba con una lencería de lunar diminuto abajo funciona; cuadro mediano con flores medianas suele quedar ruidoso. Si tienes dudas, deja el estampado para el pañuelo o el bolso y mantén el resto liso: es la opción que nunca falla y la que mejor se fotografía.











