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Cocinar para mí no es un lujo, sino amor propio – y también se puede disfrutar sin restricciones

Nyul Debóra4 min de lectura
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Cocinar para mí no es un lujo, sino amor propio – y también se puede disfrutar sin restricciones — Estilo de vida
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A muchos nos ha pasado que comer se convierte en una parada rápida entre las tareas del día. Una porción de pizza en un breve descanso, una sopa instantánea a las 10 de la noche, o un gyros comido de pie y rápido. ¿Te suena familiar? A mí sí.

De niño ya me interesaba la cocina y tengo muchos recuerdos bonitos en la cocina, aprendiendo a cocinar con mi mamá y mi abuela. Pero al crecer, esos recuerdos quedaron en segundo plano. Mi día a día se volvió tan ajetreado que comer pasó a ser una tarea más, no un momento consciente y placentero. Pero nuestro cuerpo no olvida y pronto empieza a avisar.

Un diagnóstico que cambió mi rutina y mi vida

Hace varios años descubrí que soy sensible al gluten, a la leche y a la proteína de huevo. Al principio, tenía muchas preguntas: ¿Cómo voy a comer así? ¿Qué significa esto en la práctica? Pensaba en mis platos favoritos, las cenas familiares, los postres, las pizzas, y sentí que algo había terminado.

Desesperada, empecé a buscar alternativas “sin” que muchas veces eran insípidas o increíblemente caras, a veces ambas cosas. Entonces decidí tomar el control. Si así era, al menos aprendería a cocinar bien, adaptándome a mis necesidades.

Volví a la cocina con otra mirada

Volví a cocinar. Al principio no fue fácil. Algunos platos salieron mal, otros los tiré, y algunos eran comestibles solo con buena voluntad. Pero no me rendí. Los recuerdos de la infancia —el aroma de las hierbas frescas, el ambiente de las recetas familiares— me ayudaron a no sentir este aprendizaje como una carga.

Cuanto más me adentraba en el mundo de los ingredientes sin ciertos alérgenos, más descubrí que se puede seguir una dieta muy variada sin renunciar a nada, solo pensando un poco diferente.

Y lo que quizá es lo más importante: aprendí que cocinar no es solo algo práctico, sino también una forma de amor propio.

No es un lujo, sino una inversión valiosa

Antes pensaba que cocinar era perder tiempo. Hoy creo que es una de las mejores inversiones que puedo hacer por mí misma. No hace falta pasar horas en la cocina ni ser chef. A veces, en 10 minutos preparo un plato delicioso con ingredientes cuidadosamente seleccionados y adecuados para mí.

Cocinar se volvió ese pequeño ritual diario que no me quita tiempo, sino que me suma. Me conecta, me calma, me desacelera, me reconecta con mi cuerpo y me recuerda que debo cuidarme.

Prestar atención a mi alimentación no lo veo como egoísmo, sino como un mensaje claro: soy importante para mí misma. Y esa sensación impacta en todo lo demás en mi vida.

Se puede disfrutar cocinar y comer sin restricciones

Cuando alguien cambia a una dieta sin ciertos ingredientes, la primera reacción suele ser “ahora no puedo comer nada”. ¿Te ha pasado? A mí también. Pero poco a poco descubrí que hay muchísimos ingredientes y sabores para elegir, y que esta vida sin restricciones no limita, sino que despierta la creatividad.

Aprendí a usar nuevas especias, harinas alternativas y leches vegetales. Probé nuevas técnicas y con el tiempo no solo cocinaba, sino que compartía con alegría mis resultados, sobre todo en Instagram. Y así sigue siendo hoy. Porque creo que compartir conocimiento y experiencia es fundamental.

Hoy digo con naturalidad: se puede disfrutar de las comidas sin restricciones. No tiene que ser una renuncia, puede ser un nuevo comienzo.

Cuídate, empezando por un plato de comida

Si necesitas cambiar a una dieta sin ciertos ingredientes o replantear tu alimentación o estilo de vida, no te asustes. Probablemente no siempre será fácil, pero aprenderás mucho sobre ti: tus gustos, tu cuerpo y lo bien que se siente saber qué hay en tu plato y que lo preparaste con amor.

Para mí, cocinar puede ser mucho más que seguir recetas o experimentar. Es una forma de reconectarte contigo, con el presente, y darte algo bueno una y otra vez, en cada bocado. No es un lujo ni una pérdida de tiempo, sino amor propio.

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