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Costumbres de ayuno olvidadas que hasta hace poco marcaban todo el país

Szabó Erzsébet4 min de lectura
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Costumbres de ayuno olvidadas que hasta hace poco marcaban todo el país — Familia
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Quizás a veces sientas que a las dietas “libres” y las rápidas desintoxicaciones del mundo moderno les falta algo. No solo los resultados son dudosos, sino también el verdadero propósito, porque antes el ayuno era mucho más que solo perder peso.

Solemos pensar que “reiniciar” el cuerpo es un invento moderno, pero nuestros abuelos sabían desde hace generaciones cómo renovarse física y espiritualmente en primavera. No buscaban la autofagia, sino que el tiempo previo a la Pascua no era una simple privación para lucir un cuerpo de bikini, sino un viaje de cuerpo y alma. El periodo conocido como ayuno de 40 días en realidad duraba 46 días y les permitía despojarse física y mentalmente de lo que esos meses fríos y duros representaban.

Para entender por qué esta etapa era a la vez un desafío y una liberación, vale la pena ver de cerca las costumbres que dominaban el tiempo de espera:

En la cocina en silencio aparecían los sabores puros de la naturaleza

Cuando llegaba el Miércoles de Ceniza, en las antiguas cocinas el chisporroteo literalmente se apagaba. Se eliminaban las grasas, carnes, e incluso a menudo huevos y lácteos, y en su lugar entraban las plantas frescas de primavera y los alimentos de invierno bien conservados. Pero esta etapa no era solo de privación, sino muchas veces de creatividad: las mujeres preparaban platos nutritivos con lo que la tierra y la despensa ofrecían. Eran populares las gachas, y el auténtico manjar de ayuno era el csíramálé, que con la dulzura natural del germen de trigo reemplazaba el postre. La base de la dieta eran el chucrut, sopas de frutas secas y pastas como las tiras con semillas de amapola o nueces.

Mujeres de varias generaciones en la mesa festiva

Aunque las estrictas costumbres populares se suavizaron mucho, la iglesia católica aún mantiene las pautas de moderación, especialmente el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. En esos días se pide a los creyentes que limiten sus comidas a una completa, y en dos ocasiones más puedan comer sin llenarse del todo.

Soluciones ingeniosas bajo el agua

Los antepasados se tomaban el ayuno tan en serio que a veces “reinterpretaban” las reglas con ingenio para mantenerse firmes en su decisión. Como en muchos lugares no estaba prohibido el consumo de pescado, empezaron a considerar a los animales acuáticos como símbolos universales de pureza, y por eso podían incluirse en la mesa de ayuno. Así fue que en ciertas épocas animales como la tortuga o el castor también formaron parte del menú.

El alma también ayunaba

Durante las 6 semanas de ayuno no solo cambiaban los alimentos, sino que el ritmo de la vida también se ralentizaba. Los pueblos se quedaban en silencio: los instrumentos callaban y terminaban las ruidosas fiestas de carnaval. Se creía que ni siquiera el violín debía sonar, porque era tiempo de paciencia y orden interior.

Huevos de Pascua

En este tiempo la gente evitaba las palabras fuertes, las discusiones y hasta las maldiciones.

La vida comunitaria se limitaba a la iglesia y las oraciones nocturnas, pero la renuncia y el arrepentimiento también se mostraban en las apariencias: en muchas regiones las mujeres vestían ropa más oscura y sencilla, y hasta los pañuelos de colores se cambiaban por negros.

Al final de la Cuaresma, nuestras bisabuelas no se subían a la balanza, sino que celebraban la limpieza de las paredes recién encaladas y los primeros rayos de sol que realmente calentaban. Quizás vale la pena aprender de esa conciencia que nos recuerda que para renovarnos no hacen falta polvos ni tratamientos caros, sino la atención sincera para conectar con nuestras necesidades y el ritmo de la naturaleza.

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