Recientemente, Lili Pankotai comentó en un programa que, según ella, las víctimas de violencia de pareja no son verdaderas víctimas porque tienen la posibilidad de pedir ayuda. Esta afirmación desató un intenso debate, y no es casualidad: estas ideas no solo distorsionan la realidad, sino que profundizan las heridas que ya cargan las personas maltratadas.
Detrás de esta frase se esconde una narrativa peligrosa pero común: que la víctima "es responsable" de su situación por no salir a tiempo, no pedir ayuda o por "elegir a las personas equivocadas". Este pensamiento distorsiona gravemente la realidad. La violencia de pareja no es una cuestión de elección. No es debilidad ni falta de sentido común. Más bien, es una red psicológica, emocional y social (o su ausencia) que hace muy difícil escapar, especialmente cuando solo escuchas que tú tienes la culpa.
El maltrato nunca comienza con una bofetada. Generalmente es un proceso lento y silencioso donde el agresor destruye poco a poco la autoestima de la otra persona, la aísla de sus amigos y familia, y logra que crea que sin él no vale nada. Este tipo de manipulación no es evidente. No siempre hay moretones ni gritos; muchas veces son comentarios sutiles, miedo al estado de ánimo del otro y la constante inseguridad de pensar "seguro que yo soy el problema".

Cuando alguien vive esto durante meses, años o incluso décadas, no solo lucha contra el agresor, sino también contra una imagen distorsionada de sí mismo, especialmente si viene de un entorno donde nadie le ayudó a construir su autoestima. Decirle "¿por qué no te vas?" es como gritarle a alguien que se está ahogando "¿por qué no nadas hacia la orilla?".
Lili Pankotai también dijo que, según ella, las víctimas a menudo "buscan" a sus agresores. Es cierto que hay personas que se encuentran repetidamente en relaciones similares. Pero esto tampoco es una elección. Estos patrones suelen estar ligados a traumas tempranos, maltrato o abandono en la infancia. Si alguien no aprendió de niño cómo es una relación segura y amorosa, o asoció el amor con dolor, control o miedo, le será más difícil reconocer las señales de maltrato de adulto. Son víctimas, no solo del agresor actual, sino también de abusos anteriores.
Y claro, hay quienes logran salir. Quienes encuentran fuerzas de algún lugar, reciben ayuda o simplemente llega el momento en que son lo suficientemente fuertes. Pero eso no significa que los demás no quieran ayudarse. En la realidad española, pedir ayuda no es tan sencillo como parece desde la comodidad de un estudio de televisión. Una mujer no va a la policía solo porque sí, porque muchas veces no la creen. No encuentra un centro de crisis de un día para otro porque hay pocos. Y su médico de cabecera no le derivará automáticamente a un psicólogo o a protección, porque el sistema no está preparado. Quizás no lo está porque no lo consideramos lo suficientemente importante. Narrativas como la de Lili Pankotai sugieren que solo serán víctimas quienes "se lo permitan"...
La responsabilidad nunca es de la víctima. Es quien sobrevive. Quien lucha cada día por no romperse. Quien quizás ya creyó que así es la vida y que, atrapada entre la vergüenza, el miedo y la soledad, intenta seguir adelante. Su situación no se resuelve con "buenos consejos" ni juicios simplistas.
Lo que se necesita es mucha más empatía, comprensión y apoyo silencioso. Porque cuando alguien finalmente dice: "necesito ayuda", no necesita juicio, sino saber que no está sola.











