Janikovszky Éva ya notó que quizás preguntamos demasiado a menudo: “¿A quién se parece este niño?” Pero, ¿realmente son los genes heredados de nuestros padres los responsables de lo que somos? ¿O son los modelos que vemos en nuestro entorno los que moldean nuestra personalidad? ¿Qué traemos con nosotros y qué aprendemos? Y si ambos nos influyen, ¿cuál pesa más?
Según el conocimiento actual, la personalidad no es solo el resultado directo de los modelos heredados de nuestros padres ni del entorno que nos rodea, sino el producto continuo de la interacción entre nuestras posibilidades biológicas internas y el mundo exterior.
“Genes vs. crianza” – ¿y si la pregunta está mal planteada?
El debate clásico entre genes y crianza parte de la idea de que o bien nuestra “dotación” biológica o bien el entorno determinan quiénes somos. Pero las investigaciones modernas muestran que esta pregunta, por sí sola, puede ser engañosa. Los factores genéticos juegan un papel importante en rasgos de personalidad como la impulsividad, la intensidad emocional o el comportamiento social, que sí están influenciados por nuestro ADN.

Pero tampoco es cierto que la crianza en la infancia —el estilo de los padres, el ambiente del hogar o las historias familiares— no influya en cómo se forma nuestra personalidad. Sin embargo, los estudios muestran que compartir el mismo entorno familiar —como que dos hermanos crezcan en la misma casa— genera sorprendentemente pocas similitudes en su personalidad adulta.
De hecho, a menudo los hermanos no son más parecidos entre sí que dos personas desconocidas.
Esto es importante porque muchas teorías psicológicas —especialmente las clásicas psicoanalíticas— asumían que las experiencias infantiles son la base principal de todo lo que sucede después. Pero la ciencia actual ve que esto simplifica demasiado el asunto.
No nacemos “terminados”
Los genes —y no hablamos de un solo “gen de la personalidad”, sino de todo nuestro conjunto genético— nos dan predisposiciones básicas que hacen a cada persona única. Pero estas predisposiciones no son fijas: se expresan de formas distintas según el entorno y las experiencias. Un repaso de 2025 en ciencias del comportamiento explica que la personalidad se forma por la interacción de muchos genes con muchos factores ambientales: es decir, muchos factores genéticos interactúan con diversos factores del entorno.
Esto significa que no es que tus genes “decidan” quién serás, ni que tus padres determinen cada rasgo tuyo. Más bien, es un proceso donde tanto la biología heredada como el entorno se influyen mutuamente, moldeando cómo respondes al mundo y cómo construyes tu propia historia.

¿Cuánto influye la crianza?
Aunque el entorno familiar directo y compartido juega un papel menor en la formación final de la personalidad de lo que se pensaba, el entorno sí importa. No como un factor único y determinante, sino como la suma de experiencias personales, amistades, escuela, expectativas sociales y elecciones individuales que influyen en cómo usamos nuestras capacidades.
En otras palabras: el entorno no solo nos cría, sino que también nos ofrece oportunidades, retos y patrones de respuesta —y todo esto junto moldea cómo se manifiestan las predisposiciones genéticas que llevamos dentro. Estos dos elementos no son alternativas separadas, sino historias entrelazadas que, al final, somos nosotros quienes escribimos.











