La próxima vez, piensa bien antes de decir alguna de estas frases.
La sensación
“Me siento tan gorda…” Esta frase es especialmente delicada cuando la dice alguien delgado. La obesidad no es una sensación, sino la acumulación excesiva y patológica de tejido graso en el cuerpo. Además, no es solo una cuestión estética: detrás pueden estar trastornos metabólicos, factores ambientales, problemas endocrinos o predisposición genética. No digas que te sientes gorda, porque eso es criticar tu propio cuerpo. Mejor expresa que te sientes insegura, incómoda o hinchada, que refleja mejor la realidad.
El cumplido
“¡Dios, has adelgazado? ¡Te ves genial!” Lo decimos para halagar, pero implica que antes no se veía bien y que ahora solo está bien porque perdió peso. No sabemos por qué alguien adelgazó: puede haber perdido a un ser querido, estar estresado o tener alguna enfermedad. Y si es por una dieta, las estadísticas indican que probablemente recuperará el peso. La lección: no comentes el cuerpo de los demás.
De verdad
“¡Mañana empiezo la dieta de verdad!” Probablemente no lo harás y solo te sentirás mal. Además, “hacer dieta” no es un estilo de vida saludable.

El día trampa
“¡Hoy es mi día trampa!” Quienes hacen dieta suelen permitirse un día para comer alimentos “prohibidos” como dulces, comida rápida o alcohol. La cultura de la dieta está en todas partes, y las tiendas nos bombardean con productos “saludables”. Esta frase sugiere que la dieta estricta es la “buena” y lo que comes en el día trampa es “malo”. Esta visión de “bueno vs. malo” no ayuda a tener una relación saludable con la comida.
La ventaja
“Ese vestido no te favorece.” Usar “favorecer” no es muy inclusivo, porque implica que lo que le queda bien a una modelo alta y delgada no le queda bien a un cuerpo común.
Perder peso
“No te preocupes, pronto perderás esos kilos.” Esto se suele decir a las mujeres después de dar a luz. Como si fuera lo más importante tras traer una vida al mundo...
El pecado
“Hoy voy a pecar y comeré un poco de pastel.” Esto implica que no formas parte de quienes comen regularmente pastel, pizza, pasta o pan, sino que eres mejor porque comes “limpio”. No sugiramos que comer un dulce es un “pecado”.

Mira el lado positivo
“¿Tienes diarrea? Al menos se pierden unos kilos.” Una compañera llegó a decirme que me envidiaba porque cuando tenía malestar estomacal perdía peso. Pero no hay nada envidiable en sentirse débil, mareada y sin poder salir de casa dos días. No es sano alegrarse por la pérdida de peso causada por una enfermedad.
La competencia
“Tengo que recuperar mi peso de competición.” Este suele ser el peso que teníamos alrededor de los 16 años o a principios de los 20. No es constructivo añorar ese peso veinte años después, especialmente tras enfermedades, lesiones, parto o la menopausia.
El consuelo
“No estás gorda, eres hermosa.” Con esto estigmatizamos los cuerpos que no son extremadamente delgados, aunque también pueden ser hermosos. Basta con decir “para mí, eres hermosa.”











