Bien Logo

Ilegal, pero nadie denuncia: el curso de formación que exprime a sus alumnos con costes ocultos

Isabel Martínez5 min de lectura
Compartir:
Ilegal, pero nadie denuncia: el curso de formación que exprime a sus alumnos con costes ocultos — Estilo de vida

Cuando decidimos aprender algo nuevo, lo hacemos con ilusión, con ganas de crecer y con la esperanza de convertirnos en una versión mejor de nosotros mismos. Es un impulso honesto y admirable. Y precisamente por eso, cuando alguien lo explota, el daño va mucho más allá del dinero.

En el mundo de la formación para adultos existe una zona oscura donde la buena fe y la determinación de los alumnos se convierten en herramientas de manipulación. Lo sé porque lo viví de cerca: fui yo quien le recomendó a una de mis mejores amigas el curso que hoy tiene completamente atrapada su vida.

Todo empezó con una conversación sobre sus planes de futuro. Casi como si mi teléfono hubiera "escuchado" lo que hablamos, al poco tiempo me apareció en redes sociales exactamente la oportunidad que ella llevaba tiempo buscando. Le envié el enlace sin pensarlo dos veces, feliz de poder ayudarla. Jamás imaginé que con ese gesto estaría poniendo en marcha una avalancha en su vida.

La instructora que dirigía el curso resultó ser una persona tremendamente carismática y con un conocimiento profesional incuestionable. Y ahí está precisamente el problema: cuando alguien proyecta tanta credibilidad y autoridad, confiamos sin reservas. Y cuando las cosas empiezan a torcerse, nos cuesta mucho reconocerlo.

La paciencia como herramienta de manipulación

Mi amiga se inscribió con entusiasmo. El curso tenía una estructura de pago mensual muy accesible, los contratos eran formales y las primeras clases cumplieron exactamente con lo prometido. Todo parecía en orden.

Pero con el tiempo empezaron a aparecer las primeras señales de alerta, tan sutiles que era fácil ignorarlas. Eran casi un centenar de alumnos, así que cuando la instructora tardaba en responder mensajes —o directamente no respondía— todos lo atribuían al volumen del grupo. Nadie quería parecer el alumno impaciente o exigente.

Lo más llamativo era el contraste: en las clases en directo, la instructora se mostraba encantadora, cercana y dispuesta a ayudar. Ese cambio de actitud desencadenó un juego psicológico muy peligroso. Los alumnos empezaron a cuestionarse a sí mismos, convencidos de que el problema era su falta de paciencia o su incomprensión. La instructora permanecía intocable.

Esta presión silenciosa se fue acumulando durante meses, hasta que, sin que nadie se diera cuenta, ya había pasado tanto tiempo que nadie quería abandonar a mitad de camino. El dinero invertido, la energía dedicada y el aprendizaje real que estaban obteniendo creaban una barrera emocional que impedía ver con claridad lo que estaba ocurriendo.

Fue entonces cuando aparecieron los costes ocultos: extras no mencionados en el contrato, pero presentados como prácticamente obligatorios.

El primero fue un campamento en el extranjero "muy recomendado". Al revisar los precios, quedó claro que los honorarios de la instructora equivalían prácticamente al coste total del viaje. Después llegó otro golpe: las horas prácticas necesarias para el examen final no estaban incluidas en el precio original, y su coste rozaba el del propio curso base. Y para rematar, se anunció un campamento nacional obligatorio con unas tarifas que no tenían ninguna proporción con los gastos reales de alojamiento y manutención.

El precio real del certificado

Desde fuera, con la cabeza fría, intenté en varias ocasiones hacer ver a mi amiga que todo eso era completamente ilegal. Cobrar extras no estipulados en el contrato y ejercer presión encubierta para que los alumnos los paguen es una práctica que la protección al consumidor perseguiría sin dudarlo si alguien presentara una denuncia. Pero nadie lo hace.

Mi amiga y sus compañeros se justifican diciendo que la instructora les aporta mucho a nivel profesional, y que "ahora ya lo van a terminar sí o sí" porque necesitan el certificado oficial para ejercer.

Lo que yo veo, sin embargo, es que lo que empezó como una formación útil y legítima se ha convertido en un sistema cerrado y sectario en el que los alumnos financian de forma desproporcionada a quien los dirige. Los que han abandonado el curso guardan un silencio muy elocuente, y eso dice mucho sobre lo que ocurre entre bastidores.

Hoy parece que la combinación entre la duda y el deseo de obtener ese conocimiento es suficiente para mantener a todos atrapados. Pero este tipo de modelo de negocio no puede sostenerse indefinidamente sin consecuencias.

El mercado acaba expulsando a quienes se aprovechan de la buena fe y del afán de superación de sus alumnos. Entre tanta gente comprometida y talentosa, inevitablemente llega el momento en que alguien se cansa, levanta la voz y defiende sus derechos y los de los demás.

Si estás valorando apuntarte a un curso de formación y quieres evitar caer en situaciones como esta, presta atención a las señales de advertencia desde el principio: contratos poco claros, extras "recomendados" que aparecen después, y una dinámica de grupo donde nadie se atreve a preguntar. Tu ilusión por aprender merece un entorno que la respete.

Lecturas relacionadas

El arte de disfrutar: cuatro lecciones de España que necesitamos aplicar en nuestra vida — Estilo de vida

El arte de disfrutar: cuatro lecciones de España que necesitamos aplicar en nuestra vida

El estilo de vida español esconde una sabiduría que muchos hemos olvidado. Estas cuatro lecciones pueden cambiar por completo tu forma de vivir el día a día.

Isabel Martínez
Mi madre lleva meses con miedo desde las elecciones: esto es lo que hago para ayudarla — Familia

Mi madre lleva meses con miedo desde las elecciones: esto es lo que hago para ayudarla

El ruido digital y las noticias falsas generan un miedo real en las personas mayores. Así intento ayudar a mi madre a navegar este caos sin dejarla sola.

Schuster Borka
Lo que los jóvenes de hoy saben sobre la vida que nosotros tardamos demasiado en aprender — Estilo de vida

Lo que los jóvenes de hoy saben sobre la vida que nosotros tardamos demasiado en aprender

Los veinteañeros de hoy son criticados constantemente, pero su forma de vivir esconde lecciones valiosas sobre salud mental, trabajo y libertad que muchos adultos aún no han aprendido.

Isabel Martínez
Brillante en el trabajo, perdida en el amor: mi mejor amiga lo sabe todo y aun así siempre elige mal — Estilo de vida

Brillante en el trabajo, perdida en el amor: mi mejor amiga lo sabe todo y aun así siempre elige mal

Tener un coeficiente intelectual alto no garantiza el éxito en el amor. La historia de mi amiga demuestra cómo la inteligencia puede convertirse en tu peor trampa sentimental.

Isabel Martínez
Cuando "no sé hacerlo" en realidad significa "no quiero hacerlo": la incompetencia como arma — Estilo de vida

Cuando "no sé hacerlo" en realidad significa "no quiero hacerlo": la incompetencia como arma

La incompetencia fingida es más común de lo que crees, y destruye las relaciones en silencio. Aprende a reconocerla y a poner límites de verdad.

Szabó Erzsébet
Cuando las vacaciones se convierten en un proyecto fotográfico: ¿estamos perdiendo lo que importa? — Estilo de vida

Cuando las vacaciones se convierten en un proyecto fotográfico: ¿estamos perdiendo lo que importa?

Las redes sociales han transformado la forma en que vivimos las vacaciones. Pero perseguir la foto perfecta tiene un precio que pocas veces reconocemos.

Débora Torres