Paseas por los estantes de cuidado corporal de tu droguería habitual y, entre cremas y aceites, te topas con un frasco de cristales blancos que se vende como sal de Epsom o sulfato de magnesio. Nada llamativo. Y sin embargo, no para de aparecer.
No es un cosmético de lujo ni la última novedad del mundo wellness. Aun así, lleva años siendo un clásico de las bañeras y los baños de pies en medio mundo. La pregunta es: ¿por qué vuelve a estar tan de moda?
Qué es exactamente la sal de Epsom
Aunque lleve la palabra "sal", la sal de Epsom no es sal de mesa. Es sulfato de magnesio, un compuesto químicamente muy distinto del que usas para cocinar.
Su nombre viene de la localidad inglesa de Epsom, donde, según se cuenta, se extrajo por primera vez este mineral del agua de un manantial. Hoy se vende en droguerías y supermercados sobre todo como sal de baño para el cuidado corporal, en su forma pura o en versiones perfumadas o combinadas con otros minerales.
Para qué se usa más a menudo
La mayoría recurre a ella para darse un baño o un baño de pies cuando quieren relajar el cuerpo después de un día agotador. Entre sus usos más populares están:
- Disuelta en un baño de agua caliente, para una relajación de cuerpo entero
- En un baño de pies, ideal tras muchas horas de pie o de caminata
- En pequeña cantidad, como compresa localizada sobre músculos cansados
- Algunas personas también la usan en el jardín para nutrir sus plantas, ya que el magnesio y el azufre pueden resultar útiles para la tierra
Conviene tener claro que la sal de Epsom, aplicada sobre la piel o en el agua del baño, no es un medicamento ni sustituye a un tratamiento médico. Es más bien un pequeño gesto de bienestar y desconexión en el día a día.
Cómo usarla correctamente
Sigue siempre las indicaciones del envase, porque la cantidad recomendada puede variar de una marca a otra. Por norma general, para una bañera llena se añaden unas tazas al agua caliente, removiendo bien antes de meterte. Para un baño de pies basta con mucho menos: un par de cucharadas en un barreño grande ya cambian de forma notable la sensación del agua.
Lo importante no es la cantidad, sino la calma que aportan a tu día diez o quince minutos de baño en silencio.
A mucha gente le gusta combinarla con agua bien caliente, porque el calor por sí solo ya ayuda a aflojar la tensión muscular, y la sal de Epsom suma una experiencia agradable y relajante. Después del baño, es recomendable aclararse con abundante agua: los cristales que quedan en la piel pueden resecarla, sobre todo si tienes la piel sensible.
Cuánto cuesta en la droguería
El precio de la sal de Epsom es sorprendentemente amable: un paquete grande, suficiente para varias sesiones, suele partir de apenas unos euros y sube en función de la cantidad y de la marca.
Si eliges una versión perfumada o enriquecida con otros minerales, el precio puede ser algo mayor que el de la versión pura y sin aroma. Pero, en conjunto, sigue siendo una de las formas más baratas de convertir tu hora del baño en algo un poco más especial.
A quién no le conviene
Aunque muchas personas la usan sin ningún problema, hay algunas cosas que conviene tener en cuenta.
Si tu piel se reseca con facilidad, o si tienes heridas o irritaciones, es mejor dejar el baño para cuando la piel se haya recuperado. Durante el embarazo, en caso de enfermedad crónica o si sigues un tratamiento dermatológico, lo prudente es consultar antes con tu médico o farmacéutico antes de convertirla en un hábito. Cada cuerpo tiene necesidades distintas, y la sal de Epsom tampoco es una solución universal para todo.
Así que, cuando recorras los estantes de la droguería, no encontrarás un producto milagroso: solo un mineral sencillo y conocido desde hace mucho, que generaciones enteras han añadido con gusto al agua del baño cuando, al final del día, necesitaban un poco de silencio y calma.
¿La sal de Epsom es lo mismo que la sal de mesa?
No. Aunque lleve la palabra "sal", en realidad es sulfato de magnesio, un compuesto químicamente muy distinto del que usamos para cocinar.
¿Cuánta sal de Epsom hay que echar al baño?
Para una bañera llena se suelen añadir unas tazas al agua caliente, y para un baño de pies basta con un par de cucharadas en un barreño grande. Aun así, conviene seguir siempre las indicaciones del envase, ya que la cantidad varía según la marca.
¿Es necesario ducharse después de un baño con sal de Epsom?
Sí, es recomendable aclararse con abundante agua, porque los cristales que quedan en la piel pueden resecarla, especialmente si tienes la piel sensible.
¿Quién debería tener cuidado al usarla?
Las personas con la piel muy seca, con heridas o irritaciones deberían evitarla hasta recuperarse. En el embarazo, con enfermedades crónicas o durante un tratamiento dermatológico, lo mejor es consultar antes con el médico o el farmacéutico.











