Quien trabaja en sanidad lo sabe bien: en un hospital puede pasar absolutamente cualquier cosa. Pero hay momentos que van mucho más allá de lo clínico, situaciones tan inesperadas que cuesta creer que sean reales. Estas enfermeras las vivieron en primera persona y, por suerte para todos, decidieron contarlas.
Un honor inesperado
Tras dos semanas ingresado, un señor llamó a la enfermera con solemnidad y le anunció que, tras mucho deliberar, había llegado a la conclusión de que ella era la única persona digna de ser invitada a su logia masónica. Esperaba verla el viernes por la noche. Cuando ella declinó educadamente, él la miró con genuina incomprensión: "Pero es que necesitamos a alguien del sector sanitario, no puede negarse."
El cordón de plata
Una paciente le pedía cada día, con absoluta seriedad, que tuviera cuidado de no cortar "el cordón de plata" mientras ella realizaba sus "viajes astrales". La enfermera aprendió a seguirle la corriente sin pestañear.
El secreto bancario
Una señora mayor le pidió ayuda para abrir una cuenta bancaria online. El requisito indispensable: que su familia no se enterara de nada. Sin más explicaciones.
Una petición muy íntima
Una chica que estaba de parto primero pidió que sacaran a su madre de la habitación. Luego, en voz muy baja, le confesó a la enfermera que necesitaba que le retirara el piercing del clítoris. Le explicó, con cierto apuro, que no sabía quién era el padre, que no había podido pedírselo a nadie más y que, para cuando se dio cuenta de que necesitaba quitárselo, la barriga ya no le dejaba llegar. La enfermera accedió. Sin embargo, dos semanas después dijo que no cuando otra paciente —que se recuperaba de una cirugía ginecológica— le pidió que se lo volviera a poner.
Una parada técnica
Un hombre de unos 200 kilos fue trasladado en ambulancia tras caerse de la cama y fracturarse una pierna. A mitad del trayecto, con total naturalidad, preguntó si podían parar en el McDonald's a por "un par de menús Big Mac".
Servicio de habitaciones
A las dos de la madrugada, una mujer de mediana edad llevaba un buen rato apretando el timbre de llamada. El motivo: quería que la enfermera le moviera la caja de pañuelos de la cama a la mesilla de noche. No tenía ningún problema de movilidad; se estaba recuperando de una apendicectomía rutinaria. Al parecer, confundió a la enfermera con su asistente personal.
El momento menos oportuno
Una enfermera entró a llevarle el almuerzo a un paciente y lo encontró masturbándose sin ningún pudor. Lejos de inmutarse, él le pidió que se desabrochara el uniforme. Ella dio media vuelta y salió de la habitación.
El crítico gastronómico
Tenían ingresado a un paciente que se las daba de entendido en nutrición y gastronomía. Cada día ofrecía una reseña detallada de la comida del hospital, como si estuviera evaluando un restaurante con estrella Michelin. Los primeros dos días tuvo algo de gracia. A partir del tercero, el equipo empezó a jugar a piedra, papel o tijera para decidir quién tenía que aguantar el monólogo del día.
Nochebuena con monja
Una anciana monja ingresada le pidió a la enfermera que le comprara una botella de vino para brindar juntas en Nochebuena. Al tratarse de un hospital de las Hermanas de la Misericordia, era difícil negarse. La enfermera eligió un vino de buena calidad —pagado por la monja—, y lo compartieron con el resto de pacientes, sirviéndolo en los pequeños vasitos de los medicamentos.
Por si acaso
Un chico joven empezó a meter dinero en el bolsillo de la enfermera y le pidió que le comprara una caja de preservativos, porque dos de las auxiliares le habían parecido muy atractivas y, según sus palabras, "nunca se sabe".
Una propuesta de matrimonio (de segunda mano)
Una señora de unos sesenta años le pidió a la enfermera que se casara con su hijo, a quien ella nunca había visto en su vida. El argumento: que la enfermera era una chica estupenda, que el hijo era un buen chico y que ella tenía miedo de que se quedara solo. Sin más preámbulos.
Una oferta que sube cada día
Un paciente mayor comenzó a ofrecer dinero a las enfermeras —y cada jornada la cifra era más alta— para que lo satisficieran manualmente. Al quinto día, el equipo le pidió al médico jefe que le explicara, con toda la claridad necesaria, que eso no figuraba en ninguna descripción de puesto de trabajo.
Los gatos
Un señor le pidió a la enfermera que subiera a su casa y diera de comer a sus cinco gatos. Ella fue. A veces, el cuidado va más allá de las paredes del hospital.
La noche es joven
Pocas horas después de su operación de amígdalas, una chica joven le pasó una nota escrita a la enfermera —porque hablar le era imposible— pidiéndole que le llamara un taxi para irse de fiesta. Al final del papelito había añadido: "Tranquila, vuelvo antes del amanecer, nadie se enterará."
El amor no tiene edad
Una encantadora abuela de 75 años se recuperaba de una operación de rodilla. La visitaba su familia a diario y era, por todos los indicios, una señora adorable. Por eso la enfermera se quedó de piedra cuando, una noche, la mujer la agarró del brazo y le suplicó que dejara entrar a "Géza". Resultó que Géza era su novio de 80 años, y la visita era urgente porque "ya no aguantaban más el uno sin el otro". La enfermera le explicó que el sexo no le vendría bien a la rodilla operada. La abuela la miró fijamente y respondió que el orgasmo es el mejor analgésico que existe.











