En los últimos años, la prevención y detección temprana en salud han ganado protagonismo, y no es casualidad. El informe "Country Health Profile" 2023 de la OCDE para Hungría señala que la participación de las mujeres húngaras en los exámenes de cáncer está por debajo de lo que esperaríamos. En resumen: por ejemplo, en el cribado de cáncer de mama (mujeres entre 50 y 69 años), en Hungría la participación en 2019 rondaba el 60 %, mientras que el promedio de la UE era alrededor del 66 %. En el cribado cervical (cuello uterino), Hungría alcanzó un 63 %, ligeramente por encima del promedio europeo del 60 % en 2019. Sin embargo, en cáncer colorrectal la participación nacional fue solo del 15 %, frente a un promedio europeo cercano al 33 %. Por lo tanto, aunque Hungría no está en los últimos puestos en todos los ámbitos, hay mucho espacio para mejorar en los chequeos de salud de las mujeres.
Quiero dejar claro: no soy experta en salud, pero desde mi experiencia personal creo tener algunas ideas para mejorar estas cifras.
Primero: las listas de espera larguísimas y las dificultades para pedir cita son barreras que ya de entrada desaniman a muchas. Veo que muchas personas se quedan atascadas pensando que "algún día" deberían hacerse el examen, y eso solo genera postergación. Si pedir cita es complicado — solo en franjas horarias limitadas, por un único teléfono, con llamadas que no contestan a la primera, y solo se puede acordar la fecha por teléfono sin ver todas las opciones — mucha gente simplemente no dedica la energía necesaria. Esto se solucionaría fácilmente si todos los centros de salud ofrecieran reservas de cita online. Así se aliviaría la saturación telefónica y quienes prefieren llamar podrían seguir haciéndolo sin problemas.
Segundo: un factor a menudo olvidado es la actitud del personal sanitario. Muchas personas cuentan que tras su primera o segunda experiencia en un cribado decidieron: “ya lo hice, pero no vuelvo”. Un comentario fuera de lugar, una enfermera o médico impaciente, o un ambiente incómodo durante el examen pueden ser suficientes para que alguien no regrese nunca o lo haga solo años después. Creo que la sensibilización y formación son clave para médicos, enfermeras y asistentes que realizan estos exámenes — para que entiendan que lo que para ellos es rutina, para la paciente puede ser un momento lleno de miedo, incertidumbre y vulnerabilidad. Si la cultura del centro hace que la mujer que llega a su chequeo se sienta apoyada, tratada como socia y escuchada, avanzaremos mucho.
Tercero: y esto es especialmente importante — no olvidemos a quienes tienen dificultades para acudir por falta de cuidado infantil o por su situación familiar. Muchas madres con niños pequeños (o padres solteros) encuentran complicado conseguir cita porque no tienen con quién dejar a sus hijos. Esto se resolvería si los centros de salud — al menos los grandes centros de cribado — ofrecieran un servicio gratuito de guardería durante el examen. Claro, sé que esto, como todo en mi lista, cuesta dinero. Pero tratar enfermedades que no se detectan a tiempo también es caro. Y si solo miramos números y estadísticas, no creo que apoyar a los niños que quedan solos sea más barato a largo plazo que dar a sus padres la oportunidad de cuidar su salud.
Si dejamos de ver a quienes no acuden o no lo hacen a tiempo solo como cifras, la decisión de cambiar es clara. Porque detrás de cada número hay una vida humana. Y eso, creo, es invaluable.











