Esquimales
Recolectan arándanos, frambuesas y otras frutas árticas, además de flores comestibles, hierbas, raíces y algas. Se adaptan a su entorno y aprovechan al máximo lo que la naturaleza ofrece. Su dieta tradicional contiene cantidades significativas de nitrilos protectores. Cuando abandonan su estilo de vida nómada por alimentos modernos, enfrentan enfermedades "desconocidas" para ellos.
Indígenas norteamericanos
Complementaban su dieta con raíces, bayas, corteza y brotes. Sus curanderos conocían los efectos de alimentos y plantas medicinales. Su actitud práctica nos enseña que, incluso con pocos recursos, podemos prosperar si conocemos y agradecemos los tesoros que la naturaleza nos brinda.
Indígenas Pima
Cuando comenzaron a consumir alimentos refinados y bajos en fibra típicos de EE.UU., su flora intestinal cambió. Surgieron obesidad, diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y deterioro cognitivo. Nuestros valiosos aliados bacterianos nos protegen, pero si no los alimentamos, desaparecen y con ellos la salud.
Hunzas
Viven de cereales, verduras y frutas frescas, naturalmente ricas en fitonutrientes, vitaminas, minerales y oligoelementos. Cuando se abrió un camino hacia ellos, la llegada de alimentos modernos trajo enfermedades tumorales desconocidas hasta entonces.
Maoríes
Cocinaban al aire libre con piedras calientes y vapor en fosas poco profundas, y secaban alimentos para conservarlos. La llegada de nuevos cultivos como trigo, maíz, patata, zanahoria y col cambió su dieta. La patata se volvió popular por su facilidad de cultivo, al igual que el cerdo. Criaban ovejas, cabras y aves de corral. Su ingenio y capacidad de aprendizaje fueron ejemplares, pero sabemos que cambiar lo arduo por lo fácil rara vez termina bien.
Achuar
Para ellas, es una forma de cuidar a sus seres queridos. La tribu adora esta bebida. También tienen un ritual donde a las 3-4 a.m. se reúnen para compartir sueños, que los hombres interpretan para guiar la caza del día. Respetan la vida y solo toman lo necesario. Las mujeres trabajan en sus jardines, considerados espacios sagrados. La existencia achuar demuestra que se puede vivir de forma muy distinta hoy: respetando la naturaleza, adaptándose y tomando solo lo imprescindible.
Suizos “primitivos”
En invierno consumían principalmente gachas de centeno, pan de centeno, leche y productos lácteos de alta calidad, y una vez por semana un poco de carne. Respetaban profundamente la naturaleza, viéndola como presencia divina. A pesar de su dieta sencilla, gozaban de excelente salud y constitución resistente.
Abjasios
Podríamos extendernos mucho sobre los estilos de vida de estos pueblos, pero ya se destacan puntos clave. Mis conclusiones quizá no sean fáciles de aceptar, pero creo que estos hechos las sugieren: lo que importa más es cómo y cuánto comían, más que qué. Su alimentación se basaba en plantas locales ricas en fitonutrientes y animales salvajes. Sus alimentos eran más nutritivos, con ingredientes esenciales y fibra, sin aditivos ni refinados. Su cuerpo, digestión y microbioma se adaptaron a esta dieta. Comían menos y se esforzaban más físicamente que la mayoría hoy. Valoraban y agradecían mucho a la naturaleza por lo que les daba.











