Para algunas personas es lo más natural del mundo. A otras, ni siquiera se les pasa por la cabeza.
¿Avisar antes de irte un fin de semana? ¿Consultar una compra grande? ¿Pedir "permiso" para algo? Donde unos ven respeto y cuidado, otros ven una jaula. Y lo curioso es que ninguno de los dos cree estar equivocado.
Les pedimos a nuestros lectores que nos contaran cómo viven ellos ese límite invisible entre la autonomía personal y el respeto en pareja. Las respuestas dibujan un mapa sorprendentemente diverso.
La maleta
Una noche mi novio llegó reventado del trabajo, fue directo al dormitorio y empezó a llenar una maleta. Yo me quedé de piedra, sin entender nada: ¿me estaba dejando o qué estaba pasando?
Cuando le pregunté, me dijo tan tranquilo que se iba el fin de semana con sus amigos a la casa de campo de uno de ellos. Le pregunté por qué no me había avisado y me contestó, encogiéndose de hombros, que era porque acababan de decidirlo.
Antes de que pudiera protestar, me dio un beso rápido y ya no estaba. Ese fin de semana tuve mucho tiempo para pensar, y llegué a una conclusión: no me iba a ofender, sino que a partir de entonces yo haría exactamente lo mismo.
Medio año después era él quien estaba en la puerta, tan sorprendido como yo lo había estado, mirándome hacer la maleta. Me preguntó a dónde iba y, sin levantar la vista, le respondí: a Helsinki.
"¿Un fin de semana con las chicas...?", me preguntó. Y yo: "No. He aceptado un trabajo allí."
Lo mínimo
Si dos personas deciden estar en pareja, lo mínimo es que se consulten las decisiones importantes y que no se metan en algo que al otro le resulte inaceptable. Eso no es someterse: es respeto básico.
Infantil
Apenas se secó la tinta de nuestro certificado de matrimonio, noté que mi mujercita esperaba tener voz en ciertas decisiones. Corté eso de raíz enseguida y le dije que yo no me iba a infantilizar dentro del matrimonio, porque ya no soy un niño.
El barco
Llevábamos cuatro años viviendo juntos cuando descubrí que se había comprado un barco. Teníamos una cuenta común para pagar el alquiler, los suministros y la compra, y cada mes ingresábamos una cantidad a medias. Lo del barco no me sentó bien: primero, porque me enteré después; y segundo, porque llevábamos meses ahorrando para un lavavajillas.
Cuando le comenté que este tipo de gastos grandes deberíamos hablarlos, me soltó que él no era ningún calzonazos que fuera a "pedir permiso para todo". Me dolió tanto que no me quedó más remedio que comprarme un bolso carísimo para calmarme.
Ese choque tiene mucho que ver con algo de lo que casi nadie habla a tiempo: cuándo conviene empezar a hablar de dinero en una relación.
Otra cosa distinta
No me gusta pedir permiso, porque ya me toca hacerlo en el trabajo, en la universidad, con el casero y con toda la burocracia. Aun así, eso no significa que en mi relación haga lo que me da la gana. Mi mujer y yo vivimos dentro de un marco relajado, flexible, pero que se nota que está ahí.
La elección
Mi mujer y mi hijo decidieron sin mí dónde iba a seguir estudiando. Yo dije que la rama de finanzas no le iría bien, porque no era lo bastante bueno en matemáticas, y propuse la opción de turismo y hostelería, porque mi hijo nació para eso, pero me hicieron callar.
En el segundo año suspendió finanzas y se pasó a turismo, que desde entonces le encanta. Mi mujer sigue sin pedir "permiso" para nada, pero el chico desde entonces sí me pide mi opinión.
Autonomía
No le pido permiso a mi marido, porque con eso renunciaría a mi autonomía. Ya me costó vivir bajo el "poder" de mis padres y mis profesores en su día, y desde entonces juré que, como adulta, nadie me pondría límites.
"Si no le gusta, puede irse. Pero tan mal no debe de estar conmigo, porque sigue aquí."
El término medio
Las decisiones grandes las hablamos; en las pequeñas no nos pedimos permiso. Cada uno compra lo que quiere, pero el piso, el coche y los gastos importantes los discutimos.
Cada uno va a donde quiere, pero antes le "pedimos permiso" al otro, es decir, lo comentamos. No es tan complicado.
¿Pedir permiso a la pareja es una falta de autonomía?
Según los testimonios, depende de cómo se entienda. Para algunos lectores consultar las decisiones es respeto básico; para otros equivale a renunciar a su libertad personal.
¿Qué decisiones conviene hablar en pareja?
La mayoría coincide en que las grandes decisiones y los gastos importantes, como un piso, un coche o compras que afectan al presupuesto común, merecen consultarse. En lo pequeño, muchos prefieren dar libertad total.
¿Consultar al otro significa "pedir permiso"?
Para varios de nuestros lectores no es lo mismo: pedir permiso suena a jerarquía, mientras que consultar o comentar una decisión es simplemente tener en cuenta al otro. Es una diferencia de matiz, pero cambia todo.
¿Hay una fórmula correcta para todas las parejas?
Las historias muestran que no existe una única respuesta válida. Cada pareja negocia su propio equilibrio entre autonomía y respeto, y lo que a unos les funciona a otros les resultaría insoportable.











