Recientemente causó revuelo la prohibición de una campaña publicitaria de Zara, porque según los responsables, las modelos parecían "excesivamente delgadas". La razón fue la clavícula prominente, que pesó más que el informe médico que Zara presentó para demostrar la salud de las modelos.
Este caso me muestra claramente lo delicado que es hablar sobre los cuerpos y su representación. Apoyo con todo mi corazón el movimiento de body positivity: es un gran avance que ya no veamos solo modelos delgadas en revistas de moda y anuncios de marcas rápidas. Y aún más importante, hoy existe un consenso social que rechaza la publicidad que promueve dietas extremas, métodos dañinos o una imagen corporal poco saludable.
Sin embargo, esta prohibición me parece un exceso. Porque es igual de dañino juzgar a alguien como “insalubre” solo por su apariencia, que hacerlo con una persona con sobrepeso. Por un lado luchamos para no juzgar a las personas por su peso, y por otro repetimos ese juicio —pero ahora hacia los cuerpos delgados.
Y honestamente, ¿quién dice que una clavícula marcada significa automáticamente mala salud? ¿Y quién se atrevería a decir lo mismo de unos muslos más gruesos? Ambos juicios carecen de fundamento —prácticamente ninguno.
La realidad es que los cuerpos son distintos. Algunas personas son genéticamente más delgadas, con piel firme, y es normal que se note la clavícula o las costillas, incluso si comen saludablemente y sus análisis están bien. Si prohibimos ahora a todas las modelos con este tipo de cuerpo, cometeremos el mismo error que antes, cuando excluían a las modelos plus size.
Además, esto es hipócrita. Parece que decimos: el cuerpo “excesivamente delgado” es peligroso porque muchos quieren imitarlo, pero el sobrepeso “insalubre” es inofensivo porque nadie lo desea. Esta lógica ofende en ambos sentidos: las mujeres delgadas escuchan que son un riesgo para otros, y las de talla grande que, aunque se acepten en la moda, nunca serán un ideal.
¿El resultado? Seguimos juzgando cuerpos, creando categorías y poniendo límites. Pero la esencia del body positivity es dejar atrás estas mediciones. No hay que amar todos los cuerpos, pero sí respetar que los cuerpos femeninos (y masculinos) existen en muchas formas, tamaños y estilos. Y todos merecen ser visibles sin que les pongamos etiquetas o diagnósticos al instante.
Me alegra que hoy veamos modelos plus size en campañas, porque para muchas mujeres es liberador ver que no hay que ser talla cero para ser bella, moderna o exitosa. Pero también quiero que las mujeres delgadas, que son así por genética y nunca serán más voluminosas, no sean estigmatizadas —porque también tienen derecho a sentirse bien en su piel.
Si nos empeñamos en prohibir los cuerpos “insalubres”, solo creamos otra espiral de bodyshaming. Y logramos justo lo contrario de lo que queremos: no liberamos, sino que generamos más ansiedad por el cuerpo.
La verdadera pregunta no es quién es más delgado o más voluminoso. Es si podemos dejar atrás el impulso de juzgar la salud de otros solo por señales externas. Mientras no lo hagamos, siempre habrá alguien excluido, avergonzado, y el movimiento de body positivity perderá credibilidad.











