He dejado atrás muchas tradiciones, pero hay una a la que me aferro – ¿por qué se ha puesto de moda poner el árbol de Navidad ya en noviembre?
A principios de noviembre las tiendas ya se visten de fiesta, y al caminar por las calles veo que muchas casas ya lucen luces en sus ventanas o jardines. Claro, no quiero parecer hipócrita: cuando termina el colorido otoño, yo también saco las decoraciones navideñas. Para mí, la decoración no depende tanto de la fecha, sino del ritmo de la naturaleza y el ambiente de la temporada.
Pero hay algo a lo que sí me aferro: poner el árbol de Navidad. Y eso que he reformado y dejado atrás muchas tradiciones a lo largo de los años. Desde que formamos familia, el 24 lo decoramos juntos, los tres. Para nosotros ese es el verdadero inicio de la fiesta, y siento que perderíamos algo especial si cambiáramos eso.
Este año, por un momento, dudé
Como suele pasar, mi hija llegó a casa la primera semana de noviembre preguntando: “Mamá, ¿cuándo decoramos el árbol?” Vi cuánto lo esperaba, sobre todo porque en su clase ya varios habían decorado en casa. Logré convencerla de esperar, pero por un instante pensé que tal vez podríamos cambiar esa “regla”.
Especialmente este año, porque viajaremos entre las fiestas, lo que significa que apenas disfrutaremos de nuestro árbol. Pero al final dije que no, a los ojos suplicantes de mi hija y a todas esas luces tentadoras. Sentí que si adelantaba la decoración, perderíamos algo importante.

El mensaje secreto de celebrar en noviembre
En los últimos años he notado que la decoración temprana se vuelve cada vez más tendencia en el mundo. En redes sociales, ya en noviembre vemos salones perfectamente decorados, y muchos amigos también empiezan a adornar en estas fechas, no solo la sala o la terraza, sino el árbol. Dicen que simplemente les hace sentir bien. Las luces, los aromas, la música navideña crean esa sensación de calidez que tanto se agradece en las noches cada vez más largas.
No puedo negarlo ni quiero, porque tienen razón. El espíritu festivo no está atado a una fecha. La nostalgia que despiertan las luces y los adornos antiguos es un ancla para el alma, evocando seguridad, infancia y calidez.
Quizá quienes se conectan con la Navidad desde noviembre no solo decoran, sino que abren un espacio para la alegría, la intimidad y los encuentros familiares. En un mundo tan incierto y cambiante, es un regalo poder sembrar tanta alegría como sea posible en el día a día. Además, cada vez más personas crean sus propias tradiciones sin miedo a lo que piensen los demás.
Por eso insisto en el 24 de diciembre para decorar el árbol
Para nosotros, el árbol no es solo decoración ni una tarea más en la lista navideña, sino un rito familiar. Es el verdadero inicio para desacelerar y disfrutar. Esa hora en la que estamos juntos, tomamos té, comemos galletas, escuchamos villancicos y colgamos adornos. El 24 no es para correr ni para hacer trámites. Todo está listo para ese día: solo queda la calma, el encuentro y el tiempo compartido.
Si cambiara esta tradición, sentiría que nos privamos de un momento delicado, único y especial que ocurre solo una vez al año.
Además, la magia de la Navidad en una familia dura mientras hay niños, al menos esa es mi experiencia. Nuestra hija cumplirá 10 años y aunque seguro seguirá disfrutando de la fiesta unos años más, pronto la decoración conjunta dejará de ser tan importante para ella, o querrá compartirla con alguien más. Entonces nosotros también tendremos la oportunidad de replantear esta tradición y quizá terminemos decorando el árbol en noviembre.
Al final, nuestras costumbres navideñas hablan de mucho más que cuándo colgamos las luces o la estrella en el árbol. Revelan cuánto nos atrevemos a seguir nuestro propio ritmo. Ningún camino es mejor o peor, simplemente diferente. ¡Y qué liberador es darse cuenta de eso!











