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Preferiría pagar antes que estar ahí: siento que las reuniones de la AMPA son totalmente innecesarias

Szabó Erzsébet4 min de lectura
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Preferiría pagar antes que estar ahí: siento que las reuniones de la AMPA son totalmente innecesarias — Familia
En este artículo

¿Alguna vez has pensado cuánto tiempo, energía y entusiasmo se invierte en algo que una y otra vez se queda estancado? Yo sí, especialmente en las reuniones de la AMPA.

Es natural que te preguntes por qué sigo siendo miembro si siento que es tan inútil. No tengo que asumir tareas extra gratis, ni llegar cansada a una reunión después de un día largo, tomar notas, organizar y repetir los mismos ciclos. En papel es voluntario, pero la realidad es más compleja.

Cuando mi hija empezó primero de primaria, la tutora me llamó personalmente. Me dijo que quería que yo representara a la clase en la AMPA porque aún conocía a pocos padres y necesitaba alguien en quien confiar. Como hija de profesora, era casi seguro que me lo pedirían, así que aunque me escondía en las reuniones como cuando no quería responder en clase de historia, no podía negarme. Además, cuando tu hijo acaba de entrar al sistema escolar, es especialmente difícil decir que no a quien lo va a enseñar durante 4 años.

Pero no fue solo por eso: siempre he creído en la responsabilidad comunitaria, en que como padres no solo somos espectadores del entorno donde pasan la mayor parte del día nuestros hijos. Pensaba que se podía trabajar de manera constructiva, buscando soluciones reales que no solo suenen bien, sino que realmente ayuden a las familias y a los niños.

Reunión

No faltaron ideas

Oportunidades de subvenciones, caos en el aparcamiento, tráfico matutino y vespertino, situaciones peligrosas, estado de las zonas verdes, pequeñas mejoras, actividades con sentido que no solo sean eventos para marcar en la agenda, sino que aporten valor real… Propuestas sensatas que te hacen pensar, “esto sí podría mejorar el día a día”.

Pero una y otra vez nos topamos con muros. Se necesita permiso, no es nuestra competencia, ya preguntamos y no lo aprobaron, esa persona se jubila el próximo año y no se ocupará, la normativa es complicada, depende del sostenedor y más excusas. Iniciar un cambio sencillo (!) suele implicar negociaciones largas y contactos múltiples, y aprendí que:

Con el tiempo, todos solo suspiran cansados cuando llega una nueva idea.

Cuando por fin llegamos a la implementación, suele pasar que no hay dinero, no hay personal o simplemente no hay margen de maniobra. Mejor que todo siga igual.

Aunque la escuela no es pequeña, vemos constantemente que los recursos disponibles (que en gran parte genera la AMPA, por ejemplo con recaudaciones y eventos) no se destinan a desarrollo o programas innovadores, sino a cubrir carencias básicas. Reparaciones, mantenimiento, cosas que no deberían depender de la creatividad y esfuerzo extra de los padres.

Reunión grupal de AMPA para padres

Entendí que el problema no es necesariamente con los padres

Claro, en mi corta experiencia en la AMPA he visto que a veces hay que asumir responsabilidades o incluso pagar por otros para que el sistema no colapse, pero no es lo habitual. No es culpa de las personas ni de la intención, ni falta de ideas. Hay voluntad, pero falta estructura y muchas veces quienes bloquean los cambios ni siquiera conocen bien el problema. Como en niveles superiores, el problema aquí también son los marcos que hacen que las mejores iniciativas avancen lento o ni siquiera empiecen.

Aun así, cuesta admitir que es totalmente inútil

Porque sí hay pequeños avances. Un evento bien organizado que genera decenas de miles de euros para la escuela, una subvención ganada que permite finalmente realizar una mejora aprobada. Los éxitos suelen ser discretos y no siempre visibles para los padres, pero afectan la vida diaria de cientos de niños.

Sin embargo, en esas tardes lluviosas y oscuras de otoño e invierno, a veces sería mejor pagar una cuota de participación y no tener que escuchar otra vez las mismas vueltas ni enfrentarse a esos muros que sabemos que no se moverán pronto. Lo más difícil es la sensación de impotencia y que, aunque veamos que el cambio beneficiaría a los niños, sin aprobación las ideas constructivas se quedan cortas.

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