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Probé la terapia del grito contra el estrés y descubrí algo que no esperaba

Farkas Margaréta4 min de lectura
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Probé la terapia del grito contra el estrés y descubrí algo que no esperaba — Salud
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Lo confieso: la primera vez que oí hablar de esto, también sonreí. Gritar como terapia, a propósito, en grupo y en voz alta, en un entorno controlado. Dicho así suena absurdo. Pero llegó una semana especialmente dura, una de esas en las que hasta respirar parece un esfuerzo, y decidí probarlo. Y no me arrepiento.

¿Qué es exactamente la terapia del grito?

La terapia del grito no es un invento reciente. Se remonta a los años setenta, cuando el psicólogo Arthur Janov desarrolló la llamada terapia primal. La idea de fondo es sencilla: las emociones que no expresamos —la rabia, la tristeza, el miedo— se quedan guardadas en el cuerpo en forma de tensión física.

El grito es una forma de liberar esas emociones en su versión más primaria y primitiva.

Su versión moderna, eso sí, es mucho más estructurada y menos dramática que la original. No se trata de derrumbarse y gritar tirado en el suelo. Se parece más a un ejercicio consciente y guiado de respiración y emisión de sonido, pensado para calmar el sistema nervioso.

Cómo fue mi propia experiencia

Participé en una sesión de grupo reducido, en la que la persona que la dirigía —especializada en terapia centrada en el cuerpo— nos fue metiendo en el proceso poco a poco. Primero hicimos solo ejercicios de respiración, luego empezamos a emitir sonidos y, al final, sí, gritamos. Con una almohada delante, para no asustar a los vecinos.

Los primeros minutos fueron incómodos. Muchísimo. No estoy acostumbrada a expresar mis emociones en voz alta, y hacerlo en grupo no ayudaba precisamente. Pero entonces algo se puso en marcha. De repente sentí que aquello que llevaba semanas apretándome el pecho aflojaba un poco.

Después me sentí extrañamente ligera. Mis problemas no se habían resuelto, pero de alguna manera se alejaron un instante.

¿Qué dice la ciencia?

Desde el punto de vista del sistema nervioso, tiene su lógica. La espiración ruidosa —ya sea un grito, una carcajada o un llanto— activa el sistema nervioso parasimpático, el que se encarga de los procesos de descanso y digestión. Es justo lo contrario de la respuesta al estrés y ayuda al cuerpo a volver a un estado de calma.

Además, gritar también exige un esfuerzo físico: el diafragma, el abdomen y la garganta trabajan a la vez. Es una especie de descarga corporal tras la cual la tensión baja de verdad, no solo en tu cabeza.

¿Para quién sí y para quién no?

La terapia del grito no es para todo el mundo, y es importante decirlo. Quien tenga problemas respiratorios, hipertensión o esté trabajando en la elaboración de experiencias traumáticas debería consultar antes con un profesional.

Pero para quienes simplemente están sobrepasados, tensos y sienten que llevan algo atascado dentro, puede resultar muy útil en un entorno probado y seguro. No sustituye a una terapia ni resuelve nada por sí sola. Sin embargo, sí puede regalarte un momento en el que el cuerpo hace por fin lo que llevaba tiempo deseando: soltar lo que tenía dentro.

Nunca imaginé que una almohada y unos cuantos gritos pudieran darme tanto. Pero mi sistema nervioso sabía lo que necesitaba; solo tenía que permitírselo.

Después de toda la experiencia me di cuenta de lo poco que me doy permiso para ponerle voz a lo que siento. Y no hablo solo de gritar, sino en general. De decir en voz alta cuando algo es demasiado. De mostrar cuando estoy cansada. De no atravesar cada día con los dientes apretados.

Para mí, la terapia del grito no fue un método milagroso, sino un recordatorio. De que el cuerpo sabe algo que la mente a veces olvida. De que a veces no hay que pensar, sino simplemente sentir. Y si para eso hacen falta una almohada y un buen grito, que así sea.

¿La terapia del grito sustituye a la terapia psicológica?

No. Como se explica en el artículo, no reemplaza a una terapia ni resuelve nada por sí sola. Es más bien una herramienta puntual para liberar tensión acumulada.

¿Por qué gritar ayuda a reducir el estrés?

La espiración ruidosa activa el sistema nervioso parasimpático, encargado del descanso y la relajación. Además, gritar hace trabajar el diafragma, el abdomen y la garganta, lo que produce una descarga física de la tensión.

¿Quién debería evitarla o consultar antes con un profesional?

Quienes tengan problemas respiratorios, hipertensión o estén trabajando en la elaboración de experiencias traumáticas deberían consultar antes con un especialista.

¿Cómo es una sesión de terapia del grito?

Suele empezar con ejercicios de respiración, seguir con la emisión de sonidos y terminar con los gritos, a menudo con una almohada para amortiguar el ruido. Todo ello guiado paso a paso por una persona especializada.

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