Hubo un verano en que un rincón del fondo de mi nevera desprendía un olor extraño y a humedad que no había manera de quitar. Por mucho que sacara la comida o frotara los estantes con agua y vinagre, el olor volvía una y otra vez.
Fue mi abuela quien me dio la solución en una de sus visitas, medio en broma medio en serio: pon un poco de sal en un cuenco pequeño y olvídate de él. Me reí, pero acabé probándolo. Al fin y al cabo, no tenía nada que perder.
Por qué funciona precisamente la sal
El poder de la sal para absorber la humedad es conocido desde hace mucho en muchos hogares. Hay quien la usa para secar zapatos por dentro o para mantener frescos los armarios cuando hay humedad.
Dentro de la nevera pasa exactamente lo mismo: la sal ayuda a captar el exceso de humedad, que en los meses de calor aparece con más facilidad. Abrimos la puerta más a menudo y la temperatura exterior es más alta, así que el vapor se acumula. Y esa humedad es una de las principales razones de que el interior de la nevera se vuelva rancio rápidamente y de que los olores de los alimentos se queden impregnados.
Cómo hacerlo en casa
El truco no requiere apenas atención, pero conviene tener en cuenta algunos detalles para que funcione de verdad.
- Coge un cuenco pequeño o un vaso sin tapa donde quepan unas cucharadas de sal gruesa.
- Colócalo en el rincón del fondo de la nevera, en una zona poco usada, donde no lo golpee el estante ni el cajón de las verduras.
- Déjalo ahí y revísalo de vez en cuando, una vez al mes aproximadamente, para ver si se ha apelmazado por la humedad.
- Cuando la sal esté muy húmeda o compacta, cámbiala por sal fresca, porque ya no absorberá el vapor con eficacia.
Cuándo conviene cambiarla
En verano hay que vigilar el cuenco con más frecuencia, ya que el aire tiene más humedad y la nevera trabaja más intensamente. Si notas que la sal se ha vuelto casi líquida o ha perdido su textura suelta, es hora de renovarla.
Yo suelo poner una porción nueva más o menos cada tres semanas, aunque eso depende de lo llena que tengas la nevera y de cuántas veces la abras al día.
Un truco que sirve en más rincones de casa
Cuando comprobé lo bien que funcionaba en la nevera, empecé a probarlo en otros sitios.
Un cuenquito de sal en un rincón de la despensa también ayuda contra el olor a humedad, y en el zapatero hace un buen servicio cuando el ambiente está más húmedo.
La idea siempre es la misma: colocarlo en un lugar cerrado y poco ventilado, donde la humedad tiende a acumularse.
No digo que esto sustituya la limpieza regular ni la buena ventilación de la nevera, pero como complemento funciona de maravilla. Desde que adopté esta pequeña costumbre, recurro mucho menos a los sprays desodorantes o a los productos de limpieza fuertes, y el interior de la nevera se nota más fresco cada mañana al abrirla.
¿Qué tipo de sal es mejor para absorber la humedad?
La sal gruesa es la más práctica, porque tiene una textura suelta que facilita ver cuándo se ha apelmazado y hay que cambiarla.
¿Con qué frecuencia hay que cambiar la sal de la nevera?
En verano conviene revisarla cada pocas semanas. Cuando esté muy húmeda o casi líquida, cámbiala; por lo general, cada tres semanas suele ser suficiente.
¿La sal sustituye a la limpieza de la nevera?
No. Es un complemento que ayuda a controlar la humedad y los olores, pero no reemplaza la limpieza regular ni la buena ventilación del electrodoméstico.
¿Dónde más puedo usar este truco en casa?
Funciona bien en cualquier espacio cerrado y poco ventilado donde se acumule la humedad, como un rincón de la despensa o el zapatero cuando el ambiente está más húmedo.











